7 may 2021

TUS DÍAZ's TIENEN NOMBRE

Yolanda Díaz, Isabel Díaz y Susana Díaz

Nunca antes tantas Díaz habían acaparado la atención de la opinión pública. Cada Díaz con su cara, con sus particulares formas y sus discursos dispares que acaparan, en cada una de ellas, su intrínseca impronta y su manera particular de entender el servicio público. 

Pasamos por la Díaz sutil, de discurso impecable, fluido, sencillo pero claro y contundente, para desembocar en la Díaz de cara amable, llorosa impostada en los peores momentos de la pandemia y alegre chulapa jocosa que reivindica las cañas después de un fatídico día de trabajo en plena campaña electoral. Acabamos con la Díaz del otro lado del Guadalquivir, que, segura de sí misma, hecha en su barrio y ávida ganadora en las distancias cortas, pone el punto y seguido a una ristra de Díaz que, lejanas entre sí, comparten su incapacidad para dejar indiferente a la opinión pública. 

Además de la poliédrica faz de estas Díaz, cada una de procedencia dispar, tanto familiar como geográfica, encierran, per se, las vertientes diversas de lo que puede ser un manual de estilo político que les confiere una etiqueta reconocible a leguas y, en el fondo, eso han sabido hacerlo a la perfección, para bien o mal. 

La discreta Yolanda, desde las trabajadas tierras de Galicia, donde el minifundismo y las luchas obreras rurales han enfrentado históricamente una manera de vivir hacia dentro. De cuna comunista, sindicalista y reivindicativa envuelta en el carácter propio de su tierra discreta, pero tenaz de rudeza contenida, atada de pies al terreno en el que se posa con firmeza. Sin hacer ruido, paso a paso, sin llamar la atención, poco a poco, sin aspavientos llegó y no ha dejado de hacerlo desde que decidió prestar su nombre a la noble tarea de la política. Como si fuese fácil, ha sido concejala y ahora vicepresidenta tercera del Gobierno de España, sin darse importancia y constante. Ahí es nada 

Antagónica de la anterior se presenta al mundo Isabel, de cara agraciada, dulces facciones y espontaneidad juvenil, reina del hacerse notar con una falsa modestia que la precede sin remedio, pero que le es natural. Una mujer de imagen elegante, sin grandes elocuencias en su indumentaria, incluso de lenguaje corporal cercano, encierra un instrumento que pocos se atreven a utilizar en política y es tener menos vergüenza que miedo. Es echada para adelante, se involucra en cualquier acumulación de agua estancada para salpicarla y hacer de la podredumbre una onda expansiva. No oculta sus limitaciones intelectuales, incluso se sirve de ellas para acercarse al pueblo y contarles en premisas, no en proyectos, las proclamas que, en cada momento, se quieren escuchar. Cortoplacista en sus decisiones, hábil para dar la vuelta a la dificultad que entraña la gestión pública y circunscribirla a discursos banales, prosaicos, que se compran y se venden en el peor mercado de la inmediatez y el tan loado “postureo” que se reivindica en una sociedad que vive inmersa en el aquí y ahora para ayer. Desde el centro del reino ha llegado para, parece, quedarse un tiempo. 

Inflexiva, diametralmente opuesta a la Díaz del norte y difícilmente entroncada en las estirpes de elitismo pop de la del centro llegó para acaparar titulares desde el sur Susana. Querida por muchos, menos querida por otros muchos e incluso detestada políticamente por sus aliados naturales es una mujer curtida en batallas. Susana es de capote y de encuadrarse la montera para salir a los ruedos y enfrentarse a los toros que le vengan. Ella los capotea, a veces, sin acierto y, otras tardes, saliendo a hombros. De Sevilla al mundo, ¡qué digo!, de Triana al mundo. Si algo la honra, a pesar de sus errores que han sido y son muchos, es que vive en socialismo y jamás ha dejado de hacerlo. Cohabita en su mismo barrio, en su mismo pisito, lleva a sus hijos al colegio público que les corresponde, utiliza siempre la sanidad pública, anda por la calle, escucha a los vecinos, es de barrio y en el barrio se queda. No debe ser fácil cuando lo has sido todo en Andalucía, una tierra grande, de fuertes raíces de izquierdas y con espíritu de lucha, y tras muchos traspiés políticos que no invalidan su trabajo personal y los muchos años dedicados a las siglas que deben seguir sirviéndole, ahora afronta un posible ocaso, quién sabe, si con su más que probable retirada, poder volver a recuperar lo que jamás se debió perder. La tercera Díaz, fuerte, valiente, ambiciosa en el buen sentido de la palabra, dura en sus decisiones, decidida en las batallas, mujer que no se achanta pero que, si bien es cierto que es sencilla y honesta consigo misma, sí que tiene ese punto de sal sureña que denota su afán de protagonismo y hacerse notar, algo que, por desgracia, a las mujeres en esta sociedad de evolución lenta, incluso que involuciona por momentos, no se les termina de permitir. 

Son tres Díaz que no sabemos si relucen más que el sol, pero lo que está claro es que ellas se han encargado de brillar por sus aciertos o por sus nefastas decisiones, pero siendo ellas. Tres ítems de la política actual que comparten apellido, casual, pero que las separa todo, menos el ejercicio de la vida pública. Tres caras, tres caracteres, tres mujeres que gusten, o no, están y se reivindican. 

Tus Díaz tienen nombre, Yolanda, Isabel y Susana. Tres cafés que pueden llegar a ser interesantes, en algunos porque aprenderías, en otros porque estarías cómodo y en otros porque nunca está de más disfrutar de un “relaxing cup with café con leche in Plaza Mayor” (Ana Botella) porque, si bien no puedes sacar mucho de donde no hay, las vistas al Madrid de los Austrias ya valen, por sí mismas, ese ratito. 

Decía Machado que “una de las dos Españas ha de helarte la sangre”, pues yo, parafraseando al prodigioso literato, digo que algunas de las Díaz me han convertido en muñeco de hielo, otras han estado, puede que pasen y me quedo con lo bueno que han dejado y las que pisan con firmeza que nos den tardes de glorias, porque falta nos hace entre tanta pandereta y circo de múltiples pistas. 

Por Diego J. López

07-05-2021

26 abr 2021

LUCHA

 

Fosa común Villamartín 

LUCHA 

Prefiero morir abrazado

a vivir una eternidad 

a tu cuerpo anhelando

haciendo de la ansiedad,

esa que me aleja de tu lado,

el yugo de mi verdad,

del piciado legado

al que, sin humanidad,

nos someten, sin pensarlo,

las élites de la maldad

con sus buques armados.

Sin piedad,

aterrados,

y en soledad,

ante las riendas de los amos,

me hallo buscando la libertad.

Por Diego J. López 

25-04-2021

8 ene 2021

HERIDA SIN CURA



 Borraste de tu faz

esa sonrisa amarga

que hacía de tus comisuras

una vulgar fuente de hiel

de la que jamás bebí.


Enraizaste en tu odio

ese deseo de venganza insano

que te ha demolido el afán

del más mínimo atisbo cuerdo,

desatando tus males en fuego,

que te aniquila sin remedio.


Qué penosa realidad

esa que te hace sucumbir

al espejismo más banal.

Ruina la de tus cimientos

basados en aire fatuo

que se disipa, sin piedad, 

dejándote el hedor de lo podrido,

como la única ofrenda

de tu merecida degradación.


Por Diego J. López 

x

11 nov 2020

MIS SIETE PECADOS CAPITALES

  ENVIDIA

Sentía que tus oropeles y lujos,

eran dignos de colgar en mi cuello,

haciéndome partícipe de su embrujo,

encumbrando, en mí, sus destellos.

Quise parecerme, sin tapujos,

a tu existir colmado de sueños bellos

que en mis pesadillas crujo

como látigo de envidioso descabello

al que tu fortuna sedujo.


PEREZA

Cuánto trabajo describirte

y mostrar tu frío rostro, tu dejadez.

Hacer pública tu esencia

con la desgana de mi ser,

y la vivencia procrastinada

subyugada a la pereza sin fin.

Qué triste desposeer el ansia

de descubrir tus rincones ocultos,

por carecer de interés para mí,

esa vida tuya, tan oscura y rancia,

sin atisbos por merecer.


GULA

Cinco son los delitos de placer,

con los que provocas a mi paladar,

salados los vicios de azúcar,

y amargos de ámbar

que alejan el agrio affaire

que ácido se encumbra.

Sea la gula mi pecado mortal,

y embriague a mis sentidos,

en las llamas de eternidad vital.


AVARICIA

Me quedé con todo,

con lo malo, con lo bueno,

con lo que me hacía daño

y con lo que me elevaba al cielo.

Me quedé con el oro

y con el ajuar mísero,

con las joyas y el joyero.

Lo quise todo y todo tengo,

con avaricia, sin miedo

lo tengo todo

y todo me lo quedo

arriesgando siempre

a encontrar el bolsillo muerto.


IRA

Lo intento a cada instante,

pero mi impaciencia sufre,

y mi irascible semblante

a la ira sucumbe.

¡Cuánto me gustaría anhelarte!

Y de mi razón alejarte,

abandonar a su suerte

este vacío que quema

y me deja inerte,

sin ganas, sin horizonte.

Fuera, porque dañas

lo más oscuro de mi alma,

y me haces tuyo, sin quererlo,

y me hundes sin remedio.


SOBERBIA

Tenías razón y lo sabía,

aún así, te hostigué,

hasta el confín de mis días.

Amedrentando tu fe,

maltratando, sin piedad, tu vida,

dejando en tu alma la sed

de mi soberbia incomprendida.

No supe torcer

mi ansiedad de cobardía

y por quedarme en el retén

de mi patética desdicha

hoy sufro excelso tu desdén

reacción, por razón, merecida.

Y me hundo sin tu piel,

por mi actitud fallida.


LUJURIA

Imposible no encadenar mi carne

a tus volúmenes de piel,

a la orografía perfecta de tu ser,

donde braman mis venas en sangre,

hacia el cauce de tu sed.

Allá donde la lujuria antes

es pecado y a su merced

me aboco sin desplante, 

asumiendo sin remedio mi perder


Diego José López Fernández

1 sept 2020

CUALQUIER 8 DE SEPTIEMBRE


Aquel septiembre que se fue, 
con el polvo en la vereda, 
con las ramas de las palmas, 
haciendo arcos en la carreta. 
Improvisados toldos de eneas, 
y bancos de duras pacas, 
que saben a gloria en la siesta. 
En el rancho de Ramírez sacan cestas, 
con termos de café y magdalenas, 
para llegar al Lugo 
con las primeras cervezas,
y danzar ante los bueyes 
en los altares de plata, 
con peana de buenos cinceles, 
que tu pureza guarda. 
Ya salen las primeras, 
a buscar las Montañas, 
con sus ricos ajuares de seda, 
que de papel se hacen en ellas. 
Tropeles de caballos trotan, 
entre terrones y terrazas, 
cubiertas por olivares, 
encinares y pinchas zarzas. 
¡Cómo huele a tomillo! 
Cuando nos acercamos a tu casa, 
y en paseíllo lustroso ecuestre 
llega tu ajuar de alhajas, 
tirados por dos bueyes. 
El tamboril al marcado compás, 
traza el paso de lo íntimo, 
y en los bordes de las mejillas, 
muchas lágrimas se han visto. 
Traen penas y alegrías, 
muchas promesas engarzadas 
y las cargas de una vida. 
Corazones que no empatan, 
en los visos del día a día, 
mas se hacen uno como milagro, 
ante la madre querida. 
Toda ella, esplendorosa, conmovida, 
que, desde su privilegiada atalaya, 
nos abraza y nos anima. 
La fe mueve montañas 
y Montañas nos motiva, 
entre reuniones de amistades 
y corrillos de familias. 
Quedan fotos en el tintero, 
instantáneas de un momento, 
y olores que a la memoria, 
siempre traerán recuerdos. 
Ya venimos de regreso, 
con algunos jirones en las chozas, 
pues el papel de la carreta, cansado, se despoja. 
Y las palmas y las telas, 
y los caballos y los romeros 
y los tractoristas y las palmeras 
cada vez mas roncos y cansados, 
percatan el fin a la fiesta. 
Mas, queda ella en el alma, 
y, esos sus ojos, misericordes, 
que nos allana, que nos calma y hace iguales. 
Y, a lo lejos las montañas, 
cargadas de añoranzas, 
y bajando por laderas 
henchidas todas las almas. 
Ya se intuyen las luciérnagas, 
en las calles de la Villa, 
dónde esperan impacientes, 
los que por dificultad no caminan. 
Y reciben a los suyos 
y abrazan sus pisadas, 
aplaudiendo al Simpecado 
que polvoriento se asomaba. 
Ya los cantes se acallan, 
y las palmas se hacen sordas, 
cuando llegan a la Plaza 
y termina la jornada. 
Las puertas del templo, discretas, 
abre sus hojas en jambas, 
para abrigar hasta el siguiente 
el tesoro de las Montañas. 
Viva la fe de nuestra raza, 
como pueblo en lo diverso, 
viva que en septiembre brilla 
por los confines enteros, 
y los rayos de sus brisas 
aguardan la eternidad al viajero, 
que nunca partirá del todo, 
porque su corazón, aquí, quedará preso.

Diego José López Fernández

21 mar 2020

POESÍA, SEAS TÚ

Rejas de libertad

Sea tu libertad, poesía,
la que nos sobreviva,
como testigo de la existencia,
como sabedora de la esencia,
como dueña de la quimera. 

Seas tú, poesía, la que digas sin decirlo,
la que escondas la blasfemia,
entre la belleza de lo incierto,
ante los ojos ajenos,
del que oye, desoyendo. 

Sean tus metáforas 
el escondrijo de tus hipérboles,
y que el símil de tu dulzura,
muera como antítesis
de tu epíteto.

Y seas poesía la que enojes a la verdad,
cuando confinados en lo incierto,
des luz a tanto mal, 
del que somos siervos. 

Y seas, tú, poesía
de corazones abiertos
la que lamas las almas
de estos seres hambrientos,
de velar la mentira,
con tu esplendorosa fachada.

Diego José López Fernández
21-03-2020
Día Internacional de la Poesía

20 mar 2020

SEGUNDA OPORTUNIDAD

Julia y Rita

Pronto quedaron sólo los niños y las niñas. Aquellos que todavía no habían perdido la inocencia innata al haber protegido a sus conciencias, con maestría, de traspasar el umbral de la ignorancia en la que vivían esos adultos que resultaban tan estúpidos y raros. Los mismos que, durante su existencia humana, se habían afanado en dejar como herencia, a aquellos seres de luz, tanta vergüenza infundada que hacía que su fulgor, sin remedio, por miedo a parecer distintos, terminara apagándose con el paso del tiempo. 

Sin embargo, los infantes de aquella especie tan extraña que parecía involucionar y la múltiple y diversa fauna global habían esperado con férrea paciencia, durante decenas de miles de años, a que llegase, al fin, ese momento. Ahora sí, estaban a su merced, esos cachorros humanos llenos de ingenuidad pero conectados de manera inequívoca y segura con la esencia de la naturaleza les volvían a pertenecer. Todavía el cordón umbilical los ataba a aquel mundo mágico y hermoso que la ceguera de los años les terminaría por velar para siempre, pero estaban a un paso de salvarse de aquel castigo.

A la par, salieron de sus escondrijos, hadas, gnomos, unicornios y dragones a ocupar el sitio que les correspondía, a pesar de que la ingenuidad de aquellos humanos adultos, ya extintos, había creído que eran fantasía. 

Así fue como la humanidad tuvo una segunda oportunidad de ser necesaria en un planeta, la Tierra, cuya alma habíamos pervertido y ahora ese mismo lugar, generoso, pretendía recuperarse de nuevo dándonos, otra vez, la confianza en nombre de aquellos pequeños inocentes.

Y ¿Quién sabe si esa nueva oportunidad no está a punto de hacerse realidad?

Diego José López Fernández
20-03-2020

19 mar 2020

VOLVER

Todo saldrá bien


Sean problemas de todos el de uno,
uno que no es por sí mismo el individuo,
sino parte del todo que nos aglutina,
en esta esfera inmensa del mundo.

Sean tus lágrimas mi aliento a consolarlas,
mis miedos tus abrazos protectores,
el mal común de todos, la esperanza,
pues unidos jamás sentiré que me hundo.

Sean añoradas aquellas penurias pasadas,
dónde cuanto menos había, más se ayudaba,
cuando el prójimo hermano, 
a tus cuitas preocupaba.

Sean pues las viles pantallas,
esas amigas de la pantomima, 
una herramienta que en útil uso
nos ayude a todos en las existenciales fatigas.

Sean nuestras enemigos los virus ajenos,
y no la ignorancia nata
de un patético postureo,
pues si hasta el tiempo la belleza mata,
no seamos de su volatilidad reos. 

Sean, pues, las ganas de volver a lo humano,
reconectados a la naturaleza,
lo que nos libre de esta guerra,
cuya adversaria es nuestra esencia.

Diego José López Fernández
19-03-2020

10 mar 2020

DE DOLORES A PASCUA

Virgen de los Dolores

Aromas que anuncian una previa
que en gozosos momentos nos alumbra,
dando agrado a los abiertos azahares
de nuestros naranjos nazarenos.
Dolores que eran siete,
clavados con daga en tu pecho,
Dolores, que en el viernes,
compartes con todos tu lamento.

Fe de un día que entremedio,
aguarda la fervorosa pasión
en los pasos ahumados de incienso,
que nos embriagan con su olor.
Cuántos penitentes se afanan este sábado
en proteger tu candor,
pues de salvador al humano
servirás con tu estertor.

Al fin suenan clarines,
a las puertas de la ciudad,
triunfante entre los olivos, caminando el domingo vas,
con la sola compaña
de un pollino y su mamá.
Entre palmas envuelta tu caridad
abiertas las jambas de tu pueblo,
hacia Jerusalén a mostrar la paz.

Lunes tardío en la traición,
en la que los tuyos renunciarán
y dejándote a solas,
con un beso, te venderán.
Malditas las estampas,
de los que te hicieron tanto mal,
y sacrílegas las entrañas de los que abandonan sin piedad.

Fustigada tu espalda en martes de sangre,
que derrama sin cesar,
ante el desconcierto de una madre,
que no atina a atestiguar
como los beneficiados
te abandonan ante lo fatal.
Solas María y Magdalena se encuentran,
abrazadas a Juan que afligido está.

Sean misericordes las postreras esperanzas,
que en miércoles de asueto
saldrán los villanos a apresarla,
y sea, pues, tu viva estampa de amor eterno,
la que en cáliz  de universal entrega,
encamine su alma hacia los cielos,
ante la cruz de tu mecenas.

Serán tus pisadas del jueves, Nazareno,
las que con fatigas del cirineo,
a Jesús y Simón os harán de juego.
Atrofiadas arrecian las voces de la masa,
que afines del infame Barrabás,
te conducen hacia las brasas,
de un infierno que evitarás,
entre contingencias inhumanas.

La quinta angustia bien atinada,
aturde en el viernes de blasfemia,
las profundidades de María,
cuyo vástago en brazos inerte,
sacude su ser con el padecer más ingente.
Soledad tras el tañido de funestas campanas,
despacio tras la urna de la fatal mortaja,
se halla por completo desolada.

Negruras en las nubes del cénit,
tras la aberrante cruzada,
que la inocencia se cobra,
en un sábado de torrijas pasadas,
las mieles de un erróneo castigo,
del hombre cuyas entrañas harapientas,
sirven de expiación a maldad añeja
a la que pronto la luz vence.

Trombones y estruendo de alborozo,
en el domingo blanco de Pascua,
cuándo a las calles sale, en Virtudes, la añoranza,
de ese hijo que se fue
y resucita entre alabanzas.
de los crédulos el cielo,
de los ignorantes la enseñanza,
de un hombre que con su historia, nos equilibra en la balanza.

Diego José López Fernández
09-03-2020

19 feb 2020

EL FIN


El ocaso es para todos

El día que muera quédate con mi luz
y no pares de oír los ecos de mi voz
en la lejanía del alma que huye.

Que no cesen las inagotables pertinencias
propias de una vida plena. 
Cerrados mis ojos, déjalos volar en la quimera del mañana,
ellos sabrán posar la vista en la infinitud.

No intentes ser tutora de mi esencia,
pues que sea la merecida memoria la que asista a tal fin.]
Cubre con las sábanas de tu amor lo poco que quede de mí.]
Y si la parca se retrasa en la parada de su espera]
llámala en mi nombre
y ábrele las puertas.

Cuando mi cuerpo no resista la náusea de la vida,]
déjalo correr en la maratón hacia la meta.
Y cuenta mis pasos solo a aquellos a los que les importen las huellas de sus pisadas.

Cuando muera quiero huir, tan lejos como pueda.]
Que las alas batan libres, inalcanzables.
Deja que la memoria de mi rostro se borre,
para los iracundos indeseados que nunca me quisieron.]

Que la paz de mi partida,
sea tanta como las semillas que me haya dejado plantar el suelo.]
Y no permitas que otra losa, mas que la tierra
sirva de tapa eterna a mi cuerpo.

Diego José López Fernández
19-02-2020

8 ene 2020

VOCES SIN ALMA

Hay ojos a los que nadie mira.
Voces a las que nadie escucha.
Oídos a los que nadie habla. 
Corazones para los que nadie laten.
Hay sombras que no tienen cuerpo,
vidas que carecen de alma.
Hay errores que te anulan
y conducen a la nada.
Personas casi sin rostro
que pasan sin zancada,
y sus pasos sin huella,
y su existencia vana.
¿Cuántas veces nos fijamos en su envoltura de llamas?
¿Cuántas veces acudimos a su llanto de plegaria?
Qué inútil cuando nada
salva la vida su distancia
y con abrupto sigilo
se apaga tanta desgracia.
Ya no quieren sus oídos escuchar nuestras palabras,
ya su voz no quiere ser escuchada,
ya sus oídos no necesitan la llamada.
Y ahora todos en manada
lamentamos tu desdicha,
cuando tus penas fueron
lejanas a nuestra vida.
Pero baste, al menos,
la redención del alma, 
para recordarte siempre
viajero sin amarras.

Diego José López Fernández 
08-01-2020 
A ti, Carlos. 

1 ene 2020

CUENTO DE NAVIDAD

Remiendos del alma
El reino pacía tranquilo y, entre las voces blancas de algunos coros infantiles y las luces navideñas que brillaban con intensidad en las céntricas calles, cumpliendo con su función de atraer hacia los bonitos escaparates a los vecinos y vecinas que ultimaban las compras típicas de la fiesta, disfrutaba de las entrañables fechas. 

Todo aparentaba calma, aunque la verdad de todo aquél vergel de buenos propósitos que emanaba de los sencillos y bondadosos lugareños, contrarrestaba con los ánimos del palacio del viejo Conde, donde nada ni nadie era capaz de apaciguar su disgusto. El Señor que se creía de aquellas tierras no terminaba de convencer con su falsa dispensa y un trampantojo de pan y circo sobre el verdadero significado que había intentado dar al último regalo envenenado con el que había agasajado, de manera falsa, a sus convecinos y que no terminaba de calar en la opinión pública. 

No sabía que la fortuna del tiempo, muy a su pesar, había permitido que aquel reino al que pretendía controlar con sus dudosas artes había vencido a un analfabetismo impuesto y a una sumisión de la mayoría ante una falsa élite que lo único que pretendía era perpetuar la oscura manera con la que habían mantenido sus privilegios durante siglos.

Pero el Conde, que lo veía todo muy claro en principio, tuvo que hacer algunos retoques al discurso para justificar con calzador sus derroches de innecesarios reconocimientos a un tiempo oscuro al que parecía deseaba volver con las nuevas dispensas que le ofrecía la libertad, esa misma que lo mantenía en su palacio en aquella céntrica plaza de la Villa. 

Aquel hombre gris intentaba ocultar la ridícula decisión de homenajear, con elementos inadecuados,  a la mayoría del vecindario que con su sangre, su sudor y sus lágrimas habían labrado tierra ajena. A esos mismos que dando incluso, en aquellas eras, su propia dignidad secuestrada en las hazas de señores de poca indulgencia y gran afán de poder absoluto se negaban a blanquear tal despropósito. 

El Conde, con su actitud despótica, pretendía hacer de aquella oda a la miseria y la decadencia el homenaje a los sufridores del eslabón más débil. Era como intentar enaltecer al pueblo judío con una fila de prisioneros entrando en un Campo de Concentración con su portada imponente y una Gran Esvástica 'hermosa' en el penacho, algo indudablemente majestuoso, a la par que infame.

Y aquí, en estas tierras para propios y extraños cuándo pasan por una de sus grandes avenidas, al final, se llevan la sorpresa del siglo y de los que están por venir. Pueden avistar con incredulidad un museo de los horrores en vivo y de postre un cortijo. La escena repleta de figuras sin rostro, ni identidad, sombras sin nombre, ni apellidos tal y como le gustaba a los poderosos. Seres en forma de números, faltos de humanidad, férreos, delgados, como ánimas alrededor del fulgor de aquel portentoso edificio. Rodeado de gallinas que no eran suyas, perros que adiestraban para ser herramientas de sus señoritos y todos sus avíos. Horrible, no por su majestuosidad estética, sino por lo que representa, la viva estampa de la miseria y la decadencia de un pueblo, nuestro pueblo.  

Y, por más que el Conde intentaba tapar el sol con un dedo, parecía haber olvidado que en el solar dónde crecen los cipreses yacían olvidados decenas de huesos sin merecida dignidad por querer dejar de ser la sombra bajo aquel bonito cortijo y reclamar que aquellas siluetas tuviesen cara, vida, nombre y apellidos, esos que casi habían sido arrebatados.

En aquella encrucijada, el Conde intentó cargar contra todo aquel que creía enemigo para tapar unas vergüenzas tan evidentes que se manifestaban tan oscuras como las sombras con las que pretendía engañar a sus vecinos en aquel aquelarre de derroche y anacronismo. 

La Navidad aún seguía su curso y quizás con la trasera del carrusel del Rey Baltasar el señor Conde aún tenía una nueva oportunidad de intentar dar luz a tan oscuros senderos por los que venía transitando con poco acierto.

Diego José López Fernández
01-01-20

30 dic 2019

LUTO NOCTURNO


Luna de vereno D.J.L.F

Y decir que la noche es para el luto
cuándo la luciérnaga alumbra su fulgor
y sigiloso se escapa el eco.

Luto dicen de la noche
cuando los druidas avezados
encienden sus calderos
y la sabiduría emana, sin remedio.

Que de luto se viste la noche, comentan
y en la libertad los pensamientos
que el día envuelve con su luz
se aclaran, más si cabe, en la oscuridad.

De luto abanderada la noche,
cuando la diversión llega a su culmen
enjaulada en ebrias batallas
que el día sabrá pagarlas.

Enlutada la noche velada
y la luna esplendorosa y plena
despliega la otra luz,
esa luz tan suya, tan extraña.

Cuánto luto circunscrito a la noche
y las sirenas sonando en el prado,
llamando a los seres a la lujuria,
que se entregan ávidos al placer.

Qué luto más irracional el de la noche,
cuyo desdén sólo necesita alejar a la masa
del verdadero sentido de su luz,
tan sagaz, tan denodada.

Un luto sin muerte, insurrecto,
para el alma del valiente,
para la noche de los genios.

Diego José López Fernández
09-04-2019

10 dic 2019

¡VIVAN LAS CAENAS!


Diego José López Fernández
10-12-2019

9 dic 2019

LAS SOMBRAS

En la sombra terciaban tus desdichas,
aciagos días eternos en la era,
que con poco pan y añejo tocino se saldaban, 
mientras tu sudor regaba la tierra.

Sombras que atesoran tus temores
de subyugos asumidos, sin sentido,
con idolatría pasmosa a los señores
que hoy son paz y luego gloria.

Sombras que borran tu rostro,
alejándote del libre pensamiento
y convertido en esclavo voluntario
de los terruños de otros dueños.

Sombras que dibujan tu arruga
y flagelan la esencia de tus desdichas,
sin preguntarse como sientes la vida
que tan atada queda a sus caprichos. 

Sombras que enjugan tu llanto
de amarguras incomprendidas
de los que con vara de mando
se creen las asas de tus riendas. 

Sombras que tras los blancos muros
encierran pesadumbres oscuras
y gritos ahogados en el aire
que matas con bocados en tus puños.

Sombras que tristes te han eclipsado
en la posibilidad de tu astucia
y han trampeado tu devenir
en pos de su avara argucia. 

Sombras a las que hay que dar luz
para que la longitud de su fulgor
no siga abrasando jamás con impunidad
las alas libres de tu voz.

Diego José López Fernández
9-12-2019

2 dic 2019

QUE NO DUERMA TU VOZ

Nunca hay puentes para el alma
Dulces notas evocadas en la noche,
ante el fin de la eternidad,
suspiradas en la fatiga del miedo
en halo soberbio de dignidad.
Cuando, abandonada, finaban tus reproches].

Acallada en un grito infinito,
que nadie supo escuchar. 
Mas, descifrados oídos atentos,
anotaban de tu canto las corcheas
y punteaban, hábiles, los silencios.

Partituras escarchadas, sin dulzor,
que adormecían en las iras advenidas,
cuando la batalla apagó su fulgor,
pero atizaban las garras de la infamia.
Cobardes, atrincheradas y revenidas.

Atravesaron con el plomo tu gris materia,
creyendo que tu canto acallarían 
y sonaban en sus sucias melodías,
vuestras voces que jamás se dormirían.
Tan si quiera ante el canto de una nana desvaída].

Dejaron tus cuerdas de dar tonos.
Pero no cesó tu lucha en vano,
pues pronto tus brumas azuzaron
nuevos tiempos, con buenos abanderados,
sin derrota, sin hieles, ni nublados.

Resuenan en el tiempo del pasado,
con renovado y hábil instrumento.
Pues, la voz que a ti es debida,
jamás pacerá en el olvido
de estos dedos que hoy la resucitan.

Diego José López Fernández
2-12-2019

18 nov 2019

SEÑORAS DE LA ESCORIA

¡Perra! Te gritaban en aquel túnel
y la luz sólo veía tinieblas,
entre focos de coches que paraban,
para saquear tu cuerpo, sin clemencia.

Tú eras aquella zorra de señores
cuyas sumisas esposas los aguardaban
y protegían en la mísera cobardía
de una mentira que las aniquilaba.

Tan señoras ellas, tan putas ustedes,
que tratadas entre mafias vomitivas
quedáis secuestradas por el terror
y las bocas calladas de la gente.

Malas putas, os llaman, inmigrantes, negras
cubanas, de Varsovia o Nigeria.
Destinos fatales del sino,
que os condujeron a la caverna.

Sobran tus reconocimiento, pero sacian
las ansias sexuales de educados caballeros
con maletines de trincheras
que después erradican tus derechos.

Malas vidas las vuestras
que necesitan esconder verdades
de aquellos que os corroen,
os corrompen, os atan y pegan.

Falta de preguntas y respuestas falsas.
Caminas a ciegas, sin destino,
en un sendero de luces apagadas
con el miedo incesante a la espalda.

El que te usa sin quererte cerca
y te sacude para que desaparezcas,
y, con ello, su mala decencia,
no es más que ser de cruel vileza.

¡Tú señora! Tan señora y puta.
¡Tú señor! Tan señor y escoria.

Diego José López Fernández
12-11-2019

6 nov 2019

LLUVIA SIN UNANIMIDAD

Hoy llovía y le importaba al agricultor, ese que con sudor y esfuerzo levanta la azada día a día para arrancar de la tierra sus productos. Llovía y era feliz porque el fruto de su tesón era regado con el maná de un cielo que lloraba riqueza.

Hoy llovía y el vendedor de paraguas y chubasqueros se reconfortaba pensando que las ventas aumentarían. Eran esas tormentas, a ratos, las que le proporciaban más ganancias.

Hoy llovía y el dueño de la chocolatería intuía como las mesas de su negocio aglutinarian, de un momento a otro, a familias enteras alrededor de una taza caliente acompañada de churros sabrosos.

Hoy llovía y el jardinero planeaba el futuro de aquellos setos que crecerían agradecidos al líquido vital. Fuertes y arraigados a una tierra madre incondicional.

Hoy llovía y los pantanos se mostraban tulgentes y voluminosos, encerrando bajo sus aguas pequeños tesoros arqueológicos que sólo el estío muestra su tétrica belleza. Falso regalo para los ojos que aviene tras la tragedia de la asfixia.

Hoy llovía y los arroyos inertes volvían a la vida, cuáles lázaros a la voz de arrullo de las gotas incesantes.

Hoy llovía y el suave tintineo del aguacero se convertía en una sinfonía de bellas notas indómitas, pero que marcaban el compás sin equívocos.

Hoy llovía y la atmósfera enrarecida limpiaba sus pulmones de toxinas acumuladas por los malos hábitos de un humano cada vez más acomodado y sedentario.

Hoy llovía y los bosques sedientos absorbían, a borbotones, las cuantiosas rías de agua limpia, cristalina, pura. 

Hoy llovía y al bajar del taxi se mojó el pie, maldijo a aquel mal de la naturaleza que provocaba atascos, que ensuciaba con sus corrientes las calles. Y se acordó, pues, de lo poco que le gustaba la lluvia y tenía mil razones para ello. O¿quizás era sólo una?

27 oct 2019

SOLO, A TU PESAR


Saliste con la punta de tu lanza
a escribir cuentos de castillos
con alguna princesa encantada
entre los muros de sus ladrillos.

Solo erigiste la espada
ante las crueles batallas
donde vasallos sin escudos
te abandonan en la nada.

Alfiles que en diagonales
se topaban con los peones, 
cuyo reino del tablero
se lo ofrecían a perdedores.

Tal era la estima
y las ganas tan bajas
que, aún, echándotelo al hombro
no daban cuenta las ganancias.

A pesar de tu autonomía, 
tan solo te quedabas,
que por más valiente que fueras
tus dudas se entendían.

Te hiciste parco en decisiones,
a pesar de tus cualidades
y, sabiéndote distinto,
entre todos te perdías.

¡Basta ya! Dijiste un día
y las riendas asistes
y, desde entonces, cabalga
henchida en voz tu alma.

Ya no importan las cadenas,
ni la opinión de la masa.
Te proclamaste presidente, 
por diferente en la carcasa.

Ayer quise darte juego
hoy no sirves para nada
tan solo y triste como estabas
es como acabarás la cruzada.

Sin más compaña que la una,
en las previas de la campaña.
Más solo que el reloj
aunque toquen las campanas.

Diego J. López Fernández
27/10/2019

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