6 abr 2022

LARGA TRAVESÍA

Bahía de Cádiz un día gris y lluvioso

La travesía había resultado durísima. Después de haber surcado en aquel neumático más de cien millas por aquel mar del norte habíamos acabado en un punto incierto del mapa; tan sólo nos quedaba lanzar un SOS con la esperanza de que alguna alma caritativa viniese a rescatarnos. Por desgracia, se hacían muy frecuentes aquellos casos en aquel frío archipiélago de Jutlandia. Quizás, en previsión de las llegadas masivas que recibían de sus vecinos alemanes, ¡quién iba a imaginar eso meses atrás!, nos ataviaban con una capa que nos servía de abrigo tras tanta calamidad. 

Aun en aquellas circunstancias, existían compatriotas que luchaban en su ego por quedar por delante de los demás, «so imbécil, no ves que aquí estamos todos atrapados y que somos carne fácil, vamos a tener un poco de empatía», pensaba yo para mis adentros. 

Me empeñé en superar mi propia marca de resistencia y, en no pocas ocasiones, me mordía la lengua para no pegarle un soberano guantazo a  algunos compañeros del improvisado navío que nos mantenía a flote a duras penas. Creedme, no era tarea fácil, pero no podía consentir que todos los pasos que había dado hacia delante quedaran a expensas de una borda maldita a la que todos temíamos caer. 

Llegamos a tierra y yo salí corriendo, quería desaparecer lo más pronto posible de aquella caterva de catetos y malas personas. Pude apreciar algunas montañas de pacas en un campo cercano y me construí una cabaña para  guarecerme. Me quedé dormido, el marcapasos me iba a mil por hora y no podía darle tanto trabajo. 

Desconocía cuánto tiempo había pasado, pero al despertar me vi tumbado en una cama; todo parecía tranquilo y Paca, una soberbia señora española, me ofreció una rica sopa caliente, «no sé cómo existe tanto masoca», sentenció sin cortarse.

Por Diego J. López 

21 mar 2022

VEINTIÚN VERSOS DE POESÍA










Ante el ruido del mundo, poesía,

y para la guerra y la desidia,

ante los cañones de artillería,

como bálsamo y amnistía.


Para el odio que corroe, poesía,

ante las mafias que a la vida porfía,

frente a las armas y balas de envidia,

para frenar invasiones sin justicia,

cuando las voces claman valentía. 


Como belleza y para negar la carestía

aparece siempre, poesía,

para calmar la blasfemia

y dar cabida a las risas,

y que nada se sienta objeto de la rifa

de una tómbola a la deriva.


Átame contigo, eterno, poesía

pues quiero respirar por tu guarida,

ambos hibernando por la vida,

y que pasen, lentos, junto a ti mis días.


Siempre tú, poesía.

Solo tú, tu luz, tu lírica.


✒️Diego J. López ✒️

❤️ 21 de marzo Día mundial de la poesía❤️

2 mar 2022

TODO LO PUEDE

🌬️ El viento soplaba, lo había hecho desde el principio, aunque jamás sus bocanadas alertaron sobre el punto cardinal del que partían. Los envites eran continuos y, muchas veces, las bofetadas de su cólera arreciaban en las estructuras, sin que estas hubiesen tenido previsión para guarecerse. El tiempo sabía que él era el único que podía superar a tan colérica rabia que movía al invisible elemento. 

🌬️Era consciente, tanto como ese niño travieso que observa a sus iguales desde una atalaya, de que podía pararle los pies al enemigo, a ese que durante eternidades se concentraba en molestar al conjunto de los mortales; aunque estos no tuviesen, ni la más remota idea, de quién era su aliado. 

🌬️Aquel viento tampoco cejaba en su empeño de embravecer las aguas del mar para que ni marinos, ni piratas encontrasen la paz en sus aguas, a veces, tan profundas que perdían su tonalidad azulada para dar paso a un morado intenso que se antojaba en abismo. 

🌬️Eolo seguía haciendo de las suyas y tan siquiera la férrea montaña, impávida, con su majestad atronadora, tornó en timidez la fuerza con la que disparaba aquel desaforado huracán. Ella aguantaba con estoicismo la afrenta, sin negar el dolor que le provocaba el desgarro de la erosión que incidía en sus laderas. 

🌬️Tras aquella depresión de la geografía había un árbol, frondoso y sano, con unas ramas que servían de cobijo a las aves y a las crisálidas que hibernaban. Abrigaba, pues, en su follaje con amor inconmensurable una nueva oportunidad para la vida, dejaba que la libertad de aquellas criaturas le diese sentido a todo el esplendor del que gozaba. Ese pequeño universo fue arrasado, en segundos, y el rastro de lo que dejaba formaba parte de la mochila que, tras de sí, iba dejando el vendaval aniquilador. Cuando el viento se topó con la nada, se disipó, sin contemplaciones, ipso facto

🌬️Su falta de lealtad hacia la existencia borró del reloj la bondadosa sonrisa con la que lo había observado y rompió, abruptamente, la amistad que los unía. Mas, el tiempo siguió marcando su tictac, mientras el aire había sucumbido ante la nada, para siempre y hasta el final; sin encontrar ni un soplo al que atenerse. Y el tiempo fue el único que pudo con todo y siguió, sin mirar atrás.

Diego J. López

ebrero 2022

17 dic 2021

SIN MÁSCARA

 











Son tantas las veces que pienso,

en el intento de mi arrogancia,

que no es broma lo que invento

que llego a creerme mi mentira.

Y la elevo como a la hoja el viento.

 

Mas, la conciencia me pesa

y, en ningún caso, me da aliento,

e intenta evitarme la participación

en despojos y vanos intentos.

 

En lucha los latidos con la razón

se ahogan, sin piedad, en el lamento,

ya que no dan luz a  la solución

pero sí de bruces en la malicia del evento.

 

Quizás, agotada de tanta desidia,

se acabe mi vida y se me agote el tiempo.

 

Y todo será frugal, y se esfume.

 

Pues, sin sentido avanza lo que defiendo,

y me doy cuenta, y me desgarra.

 

Hoy, en la nada, he puesto fin a mi talento.

 

Ya no hay remedio a tanta amalgama,

la mentira ha quedado al descubierto.

Me es imposible cubrirme en la excusa,

cuando mi máscara ha caído, definitiva, al suelo.


Por Diego J. López

17-12-2021

11 nov 2021

ILUMINADO


El foco nunca fue lo mío. 

Creí, siempre, que la luz genuina

resultaba más interesante al mundo,

al menos, más que aquel atril en alto

y el sin fin de pantallas

que sólo atendían a ampliar, 

de la manera más artificial,

el discurso vacío 

del que, tan siquiera, lo escribe.


Abajo, escuchando los adeptos

se afanan entregados a los flashes.

Tan patético,

pues al certero oyente,

lo suelen mantener lejos.


A la par, el que no busca nada,

ni siquiera un futil saludo,

pasea los rincones 

donde se halla su paz,

esa que tanto bien le propicia,

mientras que los ecos 

de las voces altaneras,

se diluyen sin remedio

y el fulgor de la conciencia, 

la propia, 

lo refuta en su triunfo, inequívoco.


Diego J. López

11-11-2021

2 nov 2021

EL TREN PASÓ EN LA NIEBLA

Conferencia Memoria viva de Casas Viejas


Camaradas, el hambre grita

y tenemos que prestarle nuestras gargantas

para la lucha utópica del pueblo

bajo proclamas y pancartas.


El hambre, ¡hermano!, nos fulmina

y las estrechas lindes que nos dejan

se hallan lejos de garantizar el sustento,

pues es grial de los señores

de una gleba aniquilada.


¡Luchemos hermanos! por la tierra,

ya que, tumbado el derecho de pernada, 

no les dejemos nuestros vientres

a los que de ayuno nos matan.


¡Icimos las voces al cielo!

y que resuenen los ecos

a la par que tus tripas sin papas.

Y que se enteren, todos,

de que la lucha se gana con la palabra,

a pesar de los tiros y la soga

y las fulgurosas antorchas,

no sucumbiremos a la errata.


¡Avancemos! Sin miedo al dolor,

pues el tren pasa de día

aunque la niebla lo oculte

y creamos que la protesta,

sigue en pie su cita

aunque ayer las elites, la conluyeran.

La ilusión en nuestros cuerpos

siguieron en la ignorancia

Y, en vez de sacarnos del error fatal,

fue, nuestra confusión, la excusa

para el exterminio del que grita

y busca su libertad y el pan.


¡Sigamos quebrando nuestros huesos!

en las brasas de aquel fuego

y nuestras cabezas como trofeo

de los pudientes con dinero. 


El hambre, siempre el alimento

que, cuando escasea, falta el seso,

y queriendo repartir ganancias

en las bandejas del equilibrio

no era la solución, esa, para los señoritos

al ver peligro al vasallaje. 


¡Bramemos, en el ígneo consuelo!

de las pieles que se agotan

entre los chozos y el desconsuelo,

mas el humo es libre y sube

hasta lo más alto del techo

y, cuando toca el fin,

solo, detrás, se halla el universo

para continuar con el afán

del testimonio de tus recuerdos.


Y el tren había pasado,

tras la niebla densa en la mañana

y, sin saberlo el colectivo,

avanzaron con las proclamas

y no desconvocaron, camaradas,

razón por la que fijamos en el mapa,

como el estigma y la errata

de una república que en ciernes

sus albores emanaba

y con sus múltiples defectos

y con sus bondades y deseos.


¡Unámonos! Hermanos, camaradas

ante la ignominia y la infamia

y en el genocidio de nuestras almas.

Los chamizos, pobres, fueron prendidos,

aún así, no vencieron a la parca

que, aún ávida de ánimas,

mantuvo la historia bajo llaves,

escondida como badajo de sus campanas.


Hoy, con pocos candados,

pero con más burocracia que vergüenza,

reivindicamos tu injusticia,

cómo causa de nuestra pena

y resuene, así, siempre tu nombre

mi valiente Casas Viejas.


Diego J. López Fernández

31-10-2021

21 ago 2021

PSIQUE



 Juegas, a veces, en el receso,

aprovechando la calma de mi vorágine

y te haces tan elocuente

que la arritmia se apodera

de mi sosiego y lo destruye,

impío, avariciosamente ávido.


El frenético destino de mis desvelos

se turba, desafiando mi estabilidad

rebosando mi emoción en altibajos

que, serrados, me aturden.


El descanso se aniquila,

ante las acrobacias de mi desvelo,

y me hallo frente a mí,

sin encontrar, en cualquier caso,

el segundo de consuelo

que tan desesperado busco.


Ahora, en el ostracismo del olvido,

poco suena el teléfono para la compasión,

si bien, en los albores de mi declive

mostré preocupado mi tensión,

hoy, en pocos soy recuerdo

y, entre menos, preocupación.

Todo se salda con una breve mención

en alguna tertulia ufana

que se aleja de mi situación.


Entonces, toco el techo de la angustia,

el estrés de mi sumisión

para acabar abatido,

sin gracias, ni perdón,

sin premio, ni risas,

sin reconocimiento, ni galardón.


Ahora yo, entre prozac y valium,

en químicos deposito mi prisión,

aquella de la mente en firme

que me atormenta sin dirección.


Me afano en castigarme, aún sin saber,

el origen de mi fatal pecado,

que no es más que el peso de la virtud

de considerarme imprescindible

en el tiovivo de lo efímero;

aunque la voz interna me alumbrase

decidí la tiniebla, per me,

y, en la lógica aplastante,

descarrilé de la vía que me había fabricado

con traviesas de humo

que atormentan hoy mis días

y discrepan de mi equilibrio.


Dejaré salir todo aquello que me aflige

y correré hacia la claridad de lo simple.

Destensionaré la pulcritud de la entrega,

porque no hay mejor recompensa

que las bondades de vivir

despojados de la gloriosa elocuencia

y veré en la simpleza

una aliada, necesaria, que con destreza

aspire a bajarme de la nube

para plantar mis pies en la tierra

y decirme, con sabía experiencia,

que mi mente es vergel que, regado,

es excelso en grandeza.


Y, si para tal fin preciso de apoyo,

no dudaré, en caso alguno,

en disponerle mis enojos

ante los de la psique doctos

y seguir con devoción sus pautas

que, a la calma en la balanza,

equilibren todos mis males.


Aprender de la vida que el peso,

cae por inercia a la nada

y, si no atisbas el fondo,

desapareces, sin darte cuenta,

y  lo hace, también, tu preciado y complejo universo]

que, al prójimo paralelo,

poco le importa, si no es puntal de su techo.


Protégete, amigo, de los males

que nos acechan sin verlos,

porque sus peligros se adhieren,

sigilosos, sin saberlo,

y, cuando eres víctimas de ellos,

la telaraña por su peso

te atrapa, hasta dejarte en los huesos.


Libre seamos de todo mal y espantemos

a los fantasmas que al placebo

ya no reaccionan, ni por miedo.

Blindemos la falsa fortaleza que creemos

nos protege sin forjar sus cimientos.

Por desidia, por destiempo

y que, después, ante el desborde,

impertérrita la invocaremos.

Mas, si no labramos sus raíces,

desamparados y sin consuelo,

ante el mal, nos hallará hueros.


Por Diego José López Fernández

21-08-2021

7 may 2021

TUS DÍAZ's TIENEN NOMBRE

Yolanda Díaz, Isabel Díaz y Susana Díaz

Nunca antes tantas Díaz habían acaparado la atención de la opinión pública. Cada Díaz con su cara, con sus particulares formas y sus discursos dispares que acaparan, en cada una de ellas, su intrínseca impronta y su manera particular de entender el servicio público. 

Pasamos por la Díaz sutil, de discurso impecable, fluido, sencillo pero claro y contundente, para desembocar en la Díaz de cara amable, llorosa impostada en los peores momentos de la pandemia y alegre chulapa jocosa que reivindica las cañas después de un fatídico día de trabajo en plena campaña electoral. Acabamos con la Díaz del otro lado del Guadalquivir, que, segura de sí misma, hecha en su barrio y ávida ganadora en las distancias cortas, pone el punto y seguido a una ristra de Díaz que, lejanas entre sí, comparten su incapacidad para dejar indiferente a la opinión pública. 

Además de la poliédrica faz de estas Díaz, cada una de procedencia dispar, tanto familiar como geográfica, encierran, per se, las vertientes diversas de lo que puede ser un manual de estilo político que les confiere una etiqueta reconocible a leguas y, en el fondo, eso han sabido hacerlo a la perfección, para bien o mal. 

La discreta Yolanda, desde las trabajadas tierras de Galicia, donde el minifundismo y las luchas obreras rurales han enfrentado históricamente una manera de vivir hacia dentro. De cuna comunista, sindicalista y reivindicativa envuelta en el carácter propio de su tierra discreta, pero tenaz de rudeza contenida, atada de pies al terreno en el que se posa con firmeza. Sin hacer ruido, paso a paso, sin llamar la atención, poco a poco, sin aspavientos llegó y no ha dejado de hacerlo desde que decidió prestar su nombre a la noble tarea de la política. Como si fuese fácil, ha sido concejala y ahora vicepresidenta tercera del Gobierno de España, sin darse importancia y constante. Ahí es nada 

Antagónica de la anterior se presenta al mundo Isabel, de cara agraciada, dulces facciones y espontaneidad juvenil, reina del hacerse notar con una falsa modestia que la precede sin remedio, pero que le es natural. Una mujer de imagen elegante, sin grandes elocuencias en su indumentaria, incluso de lenguaje corporal cercano, encierra un instrumento que pocos se atreven a utilizar en política y es tener menos vergüenza que miedo. Es echada para adelante, se involucra en cualquier acumulación de agua estancada para salpicarla y hacer de la podredumbre una onda expansiva. No oculta sus limitaciones intelectuales, incluso se sirve de ellas para acercarse al pueblo y contarles en premisas, no en proyectos, las proclamas que, en cada momento, se quieren escuchar. Cortoplacista en sus decisiones, hábil para dar la vuelta a la dificultad que entraña la gestión pública y circunscribirla a discursos banales, prosaicos, que se compran y se venden en el peor mercado de la inmediatez y el tan loado “postureo” que se reivindica en una sociedad que vive inmersa en el aquí y ahora para ayer. Desde el centro del reino ha llegado para, parece, quedarse un tiempo. 

Inflexiva, diametralmente opuesta a la Díaz del norte y difícilmente entroncada en las estirpes de elitismo pop de la del centro llegó para acaparar titulares desde el sur Susana. Querida por muchos, menos querida por otros muchos e incluso detestada políticamente por sus aliados naturales es una mujer curtida en batallas. Susana es de capote y de encuadrarse la montera para salir a los ruedos y enfrentarse a los toros que le vengan. Ella los capotea, a veces, sin acierto y, otras tardes, saliendo a hombros. De Sevilla al mundo, ¡qué digo!, de Triana al mundo. Si algo la honra, a pesar de sus errores que han sido y son muchos, es que vive en socialismo y jamás ha dejado de hacerlo. Cohabita en su mismo barrio, en su mismo pisito, lleva a sus hijos al colegio público que les corresponde, utiliza siempre la sanidad pública, anda por la calle, escucha a los vecinos, es de barrio y en el barrio se queda. No debe ser fácil cuando lo has sido todo en Andalucía, una tierra grande, de fuertes raíces de izquierdas y con espíritu de lucha, y tras muchos traspiés políticos que no invalidan su trabajo personal y los muchos años dedicados a las siglas que deben seguir sirviéndole, ahora afronta un posible ocaso, quién sabe, si con su más que probable retirada, poder volver a recuperar lo que jamás se debió perder. La tercera Díaz, fuerte, valiente, ambiciosa en el buen sentido de la palabra, dura en sus decisiones, decidida en las batallas, mujer que no se achanta pero que, si bien es cierto que es sencilla y honesta consigo misma, sí que tiene ese punto de sal sureña que denota su afán de protagonismo y hacerse notar, algo que, por desgracia, a las mujeres en esta sociedad de evolución lenta, incluso que involuciona por momentos, no se les termina de permitir. 

Son tres Díaz que no sabemos si relucen más que el sol, pero lo que está claro es que ellas se han encargado de brillar por sus aciertos o por sus nefastas decisiones, pero siendo ellas. Tres ítems de la política actual que comparten apellido, casual, pero que las separa todo, menos el ejercicio de la vida pública. Tres caras, tres caracteres, tres mujeres que gusten, o no, están y se reivindican. 

Tus Díaz tienen nombre, Yolanda, Isabel y Susana. Tres cafés que pueden llegar a ser interesantes, en algunos porque aprenderías, en otros porque estarías cómodo y en otros porque nunca está de más disfrutar de un “relaxing cup with café con leche in Plaza Mayor” (Ana Botella) porque, si bien no puedes sacar mucho de donde no hay, las vistas al Madrid de los Austrias ya valen, por sí mismas, ese ratito. 

Decía Machado que “una de las dos Españas ha de helarte la sangre”, pues yo, parafraseando al prodigioso literato, digo que algunas de las Díaz me han convertido en muñeco de hielo, otras han estado, puede que pasen y me quedo con lo bueno que han dejado y las que pisan con firmeza que nos den tardes de glorias, porque falta nos hace entre tanta pandereta y circo de múltiples pistas. 

Por Diego J. López

07-05-2021

26 abr 2021

LUCHA

 

Fosa común Villamartín 

LUCHA 

Prefiero morir abrazado

a vivir una eternidad 

a tu cuerpo anhelando

haciendo de la ansiedad,

esa que me aleja de tu lado,

el yugo de mi verdad,

del piciado legado

al que, sin humanidad,

nos someten, sin pensarlo,

las élites de la maldad

con sus buques armados.

Sin piedad,

aterrados,

y en soledad,

ante las riendas de los amos,

me hallo buscando la libertad.

Por Diego J. López 

25-04-2021

8 ene 2021

HERIDA SIN CURA



 Borraste de tu faz

esa sonrisa amarga

que hacía de tus comisuras

una vulgar fuente de hiel

de la que jamás bebí.


Enraizaste en tu odio

ese deseo de venganza insano

que te ha demolido el afán

del más mínimo atisbo cuerdo,

desatando tus males en fuego,

que te aniquila sin remedio.


Qué penosa realidad

esa que te hace sucumbir

al espejismo más banal.

Ruina la de tus cimientos

basados en aire fatuo

que se disipa, sin piedad, 

dejándote el hedor de lo podrido,

como la única ofrenda

de tu merecida degradación.


Por Diego J. López 

x

11 nov 2020

MIS SIETE PECADOS CAPITALES

  ENVIDIA

Sentía que tus oropeles y lujos,

eran dignos de colgar en mi cuello,

haciéndome partícipe de su embrujo,

encumbrando, en mí, sus destellos.

Quise parecerme, sin tapujos,

a tu existir colmado de sueños bellos

que en mis pesadillas crujo

como látigo de envidioso descabello

al que tu fortuna sedujo.


PEREZA

Cuánto trabajo describirte

y mostrar tu frío rostro, tu dejadez.

Hacer pública tu esencia

con la desgana de mi ser,

y la vivencia procrastinada

subyugada a la pereza sin fin.

Qué triste desposeer el ansia

de descubrir tus rincones ocultos,

por carecer de interés para mí,

esa vida tuya, tan oscura y rancia,

sin atisbos por merecer.


GULA

Cinco son los delitos de placer,

con los que provocas a mi paladar,

salados los vicios de azúcar,

y amargos de ámbar

que alejan el agrio affaire

que ácido se encumbra.

Sea la gula mi pecado mortal,

y embriague a mis sentidos,

en las llamas de eternidad vital.


AVARICIA

Me quedé con todo,

con lo malo, con lo bueno,

con lo que me hacía daño

y con lo que me elevaba al cielo.

Me quedé con el oro

y con el ajuar mísero,

con las joyas y el joyero.

Lo quise todo y todo tengo,

con avaricia, sin miedo

lo tengo todo

y todo me lo quedo

arriesgando siempre

a encontrar el bolsillo muerto.


IRA

Lo intento a cada instante,

pero mi impaciencia sufre,

y mi irascible semblante

a la ira sucumbe.

¡Cuánto me gustaría anhelarte!

Y de mi razón alejarte,

abandonar a su suerte

este vacío que quema

y me deja inerte,

sin ganas, sin horizonte.

Fuera, porque dañas

lo más oscuro de mi alma,

y me haces tuyo, sin quererlo,

y me hundes sin remedio.


SOBERBIA

Tenías razón y lo sabía,

aún así, te hostigué,

hasta el confín de mis días.

Amedrentando tu fe,

maltratando, sin piedad, tu vida,

dejando en tu alma la sed

de mi soberbia incomprendida.

No supe torcer

mi ansiedad de cobardía

y por quedarme en el retén

de mi patética desdicha

hoy sufro excelso tu desdén

reacción, por razón, merecida.

Y me hundo sin tu piel,

por mi actitud fallida.


LUJURIA

Imposible no encadenar mi carne

a tus volúmenes de piel,

a la orografía perfecta de tu ser,

donde braman mis venas en sangre,

hacia el cauce de tu sed.

Allá donde la lujuria antes

es pecado y a su merced

me aboco sin desplante, 

asumiendo sin remedio mi perder


Diego José López Fernández

1 sept 2020

CUALQUIER 8 DE SEPTIEMBRE


Aquel septiembre que se fue, 
con el polvo en la vereda, 
con las ramas de las palmas, 
haciendo arcos en la carreta. 
Improvisados toldos de eneas, 
y bancos de duras pacas, 
que saben a gloria en la siesta. 
En el rancho de Ramírez sacan cestas, 
con termos de café y magdalenas, 
para llegar al Lugo 
con las primeras cervezas,
y danzar ante los bueyes 
en los altares de plata, 
con peana de buenos cinceles, 
que tu pureza guarda. 
Ya salen las primeras, 
a buscar las Montañas, 
con sus ricos ajuares de seda, 
que de papel se hacen en ellas. 
Tropeles de caballos trotan, 
entre terrones y terrazas, 
cubiertas por olivares, 
encinares y pinchas zarzas. 
¡Cómo huele a tomillo! 
Cuando nos acercamos a tu casa, 
y en paseíllo lustroso ecuestre 
llega tu ajuar de alhajas, 
tirados por dos bueyes. 
El tamboril al marcado compás, 
traza el paso de lo íntimo, 
y en los bordes de las mejillas, 
muchas lágrimas se han visto. 
Traen penas y alegrías, 
muchas promesas engarzadas 
y las cargas de una vida. 
Corazones que no empatan, 
en los visos del día a día, 
mas se hacen uno como milagro, 
ante la madre querida. 
Toda ella, esplendorosa, conmovida, 
que, desde su privilegiada atalaya, 
nos abraza y nos anima. 
La fe mueve montañas 
y Montañas nos motiva, 
entre reuniones de amistades 
y corrillos de familias. 
Quedan fotos en el tintero, 
instantáneas de un momento, 
y olores que a la memoria, 
siempre traerán recuerdos. 
Ya venimos de regreso, 
con algunos jirones en las chozas, 
pues el papel de la carreta, cansado, se despoja. 
Y las palmas y las telas, 
y los caballos y los romeros 
y los tractoristas y las palmeras 
cada vez mas roncos y cansados, 
percatan el fin a la fiesta. 
Mas, queda ella en el alma, 
y, esos sus ojos, misericordes, 
que nos allana, que nos calma y hace iguales. 
Y, a lo lejos las montañas, 
cargadas de añoranzas, 
y bajando por laderas 
henchidas todas las almas. 
Ya se intuyen las luciérnagas, 
en las calles de la Villa, 
dónde esperan impacientes, 
los que por dificultad no caminan. 
Y reciben a los suyos 
y abrazan sus pisadas, 
aplaudiendo al Simpecado 
que polvoriento se asomaba. 
Ya los cantes se acallan, 
y las palmas se hacen sordas, 
cuando llegan a la Plaza 
y termina la jornada. 
Las puertas del templo, discretas, 
abre sus hojas en jambas, 
para abrigar hasta el siguiente 
el tesoro de las Montañas. 
Viva la fe de nuestra raza, 
como pueblo en lo diverso, 
viva que en septiembre brilla 
por los confines enteros, 
y los rayos de sus brisas 
aguardan la eternidad al viajero, 
que nunca partirá del todo, 
porque su corazón, aquí, quedará preso.

Diego José López Fernández

21 mar 2020

POESÍA, SEAS TÚ

Rejas de libertad

Sea tu libertad, poesía,
la que nos sobreviva,
como testigo de la existencia,
como sabedora de la esencia,
como dueña de la quimera. 

Seas tú, poesía, la que digas sin decirlo,
la que escondas la blasfemia,
entre la belleza de lo incierto,
ante los ojos ajenos,
del que oye, desoyendo. 

Sean tus metáforas 
el escondrijo de tus hipérboles,
y que el símil de tu dulzura,
muera como antítesis
de tu epíteto.

Y seas poesía la que enojes a la verdad,
cuando confinados en lo incierto,
des luz a tanto mal, 
del que somos siervos. 

Y seas, tú, poesía
de corazones abiertos
la que lamas las almas
de estos seres hambrientos,
de velar la mentira,
con tu esplendorosa fachada.

Diego José López Fernández
21-03-2020
Día Internacional de la Poesía

20 mar 2020

SEGUNDA OPORTUNIDAD

Julia y Rita

Pronto quedaron sólo los niños y las niñas. Aquellos que todavía no habían perdido la inocencia innata al haber protegido a sus conciencias, con maestría, de traspasar el umbral de la ignorancia en la que vivían esos adultos que resultaban tan estúpidos y raros. Los mismos que, durante su existencia humana, se habían afanado en dejar como herencia, a aquellos seres de luz, tanta vergüenza infundada que hacía que su fulgor, sin remedio, por miedo a parecer distintos, terminara apagándose con el paso del tiempo. 

Sin embargo, los infantes de aquella especie tan extraña que parecía involucionar y la múltiple y diversa fauna global habían esperado con férrea paciencia, durante decenas de miles de años, a que llegase, al fin, ese momento. Ahora sí, estaban a su merced, esos cachorros humanos llenos de ingenuidad pero conectados de manera inequívoca y segura con la esencia de la naturaleza les volvían a pertenecer. Todavía el cordón umbilical los ataba a aquel mundo mágico y hermoso que la ceguera de los años les terminaría por velar para siempre, pero estaban a un paso de salvarse de aquel castigo.

A la par, salieron de sus escondrijos, hadas, gnomos, unicornios y dragones a ocupar el sitio que les correspondía, a pesar de que la ingenuidad de aquellos humanos adultos, ya extintos, había creído que eran fantasía. 

Así fue como la humanidad tuvo una segunda oportunidad de ser necesaria en un planeta, la Tierra, cuya alma habíamos pervertido y ahora ese mismo lugar, generoso, pretendía recuperarse de nuevo dándonos, otra vez, la confianza en nombre de aquellos pequeños inocentes.

Y ¿Quién sabe si esa nueva oportunidad no está a punto de hacerse realidad?

Diego José López Fernández
20-03-2020

19 mar 2020

VOLVER

Todo saldrá bien


Sean problemas de todos el de uno,
uno que no es por sí mismo el individuo,
sino parte del todo que nos aglutina,
en esta esfera inmensa del mundo.

Sean tus lágrimas mi aliento a consolarlas,
mis miedos tus abrazos protectores,
el mal común de todos, la esperanza,
pues unidos jamás sentiré que me hundo.

Sean añoradas aquellas penurias pasadas,
dónde cuanto menos había, más se ayudaba,
cuando el prójimo hermano, 
a tus cuitas preocupaba.

Sean pues las viles pantallas,
esas amigas de la pantomima, 
una herramienta que en útil uso
nos ayude a todos en las existenciales fatigas.

Sean nuestras enemigos los virus ajenos,
y no la ignorancia nata
de un patético postureo,
pues si hasta el tiempo la belleza mata,
no seamos de su volatilidad reos. 

Sean, pues, las ganas de volver a lo humano,
reconectados a la naturaleza,
lo que nos libre de esta guerra,
cuya adversaria es nuestra esencia.

Diego José López Fernández
19-03-2020

10 mar 2020

DE DOLORES A PASCUA

Virgen de los Dolores

Aromas que anuncian una previa
que en gozosos momentos nos alumbra,
dando agrado a los abiertos azahares
de nuestros naranjos nazarenos.
Dolores que eran siete,
clavados con daga en tu pecho,
Dolores, que en el viernes,
compartes con todos tu lamento.

Fe de un día que entremedio,
aguarda la fervorosa pasión
en los pasos ahumados de incienso,
que nos embriagan con su olor.
Cuántos penitentes se afanan este sábado
en proteger tu candor,
pues de salvador al humano
servirás con tu estertor.

Al fin suenan clarines,
a las puertas de la ciudad,
triunfante entre los olivos, caminando el domingo vas,
con la sola compaña
de un pollino y su mamá.
Entre palmas envuelta tu caridad
abiertas las jambas de tu pueblo,
hacia Jerusalén a mostrar la paz.

Lunes tardío en la traición,
en la que los tuyos renunciarán
y dejándote a solas,
con un beso, te venderán.
Malditas las estampas,
de los que te hicieron tanto mal,
y sacrílegas las entrañas de los que abandonan sin piedad.

Fustigada tu espalda en martes de sangre,
que derrama sin cesar,
ante el desconcierto de una madre,
que no atina a atestiguar
como los beneficiados
te abandonan ante lo fatal.
Solas María y Magdalena se encuentran,
abrazadas a Juan que afligido está.

Sean misericordes las postreras esperanzas,
que en miércoles de asueto
saldrán los villanos a apresarla,
y sea, pues, tu viva estampa de amor eterno,
la que en cáliz  de universal entrega,
encamine su alma hacia los cielos,
ante la cruz de tu mecenas.

Serán tus pisadas del jueves, Nazareno,
las que con fatigas del cirineo,
a Jesús y Simón os harán de juego.
Atrofiadas arrecian las voces de la masa,
que afines del infame Barrabás,
te conducen hacia las brasas,
de un infierno que evitarás,
entre contingencias inhumanas.

La quinta angustia bien atinada,
aturde en el viernes de blasfemia,
las profundidades de María,
cuyo vástago en brazos inerte,
sacude su ser con el padecer más ingente.
Soledad tras el tañido de funestas campanas,
despacio tras la urna de la fatal mortaja,
se halla por completo desolada.

Negruras en las nubes del cénit,
tras la aberrante cruzada,
que la inocencia se cobra,
en un sábado de torrijas pasadas,
las mieles de un erróneo castigo,
del hombre cuyas entrañas harapientas,
sirven de expiación a maldad añeja
a la que pronto la luz vence.

Trombones y estruendo de alborozo,
en el domingo blanco de Pascua,
cuándo a las calles sale, en Virtudes, la añoranza,
de ese hijo que se fue
y resucita entre alabanzas.
de los crédulos el cielo,
de los ignorantes la enseñanza,
de un hombre que con su historia, nos equilibra en la balanza.

Diego José López Fernández
09-03-2020

19 feb 2020

EL FIN


El ocaso es para todos

El día que muera quédate con mi luz
y no pares de oír los ecos de mi voz
en la lejanía del alma que huye.

Que no cesen las inagotables pertinencias
propias de una vida plena. 
Cerrados mis ojos, déjalos volar en la quimera del mañana,
ellos sabrán posar la vista en la infinitud.

No intentes ser tutora de mi esencia,
pues que sea la merecida memoria la que asista a tal fin.]
Cubre con las sábanas de tu amor lo poco que quede de mí.]
Y si la parca se retrasa en la parada de su espera]
llámala en mi nombre
y ábrele las puertas.

Cuando mi cuerpo no resista la náusea de la vida,]
déjalo correr en la maratón hacia la meta.
Y cuenta mis pasos solo a aquellos a los que les importen las huellas de sus pisadas.

Cuando muera quiero huir, tan lejos como pueda.]
Que las alas batan libres, inalcanzables.
Deja que la memoria de mi rostro se borre,
para los iracundos indeseados que nunca me quisieron.]

Que la paz de mi partida,
sea tanta como las semillas que me haya dejado plantar el suelo.]
Y no permitas que otra losa, mas que la tierra
sirva de tapa eterna a mi cuerpo.

Diego José López Fernández
19-02-2020

8 ene 2020

VOCES SIN ALMA

Hay ojos a los que nadie mira.
Voces a las que nadie escucha.
Oídos a los que nadie habla. 
Corazones para los que nadie laten.
Hay sombras que no tienen cuerpo,
vidas que carecen de alma.
Hay errores que te anulan
y conducen a la nada.
Personas casi sin rostro
que pasan sin zancada,
y sus pasos sin huella,
y su existencia vana.
¿Cuántas veces nos fijamos en su envoltura de llamas?
¿Cuántas veces acudimos a su llanto de plegaria?
Qué inútil cuando nada
salva la vida su distancia
y con abrupto sigilo
se apaga tanta desgracia.
Ya no quieren sus oídos escuchar nuestras palabras,
ya su voz no quiere ser escuchada,
ya sus oídos no necesitan la llamada.
Y ahora todos en manada
lamentamos tu desdicha,
cuando tus penas fueron
lejanas a nuestra vida.
Pero baste, al menos,
la redención del alma, 
para recordarte siempre
viajero sin amarras.

Diego José López Fernández 
08-01-2020 
A ti, Carlos. 

1 ene 2020

CUENTO DE NAVIDAD

Remiendos del alma
El reino pacía tranquilo y, entre las voces blancas de algunos coros infantiles y las luces navideñas que brillaban con intensidad en las céntricas calles, cumpliendo con su función de atraer hacia los bonitos escaparates a los vecinos y vecinas que ultimaban las compras típicas de la fiesta, disfrutaba de las entrañables fechas. 

Todo aparentaba calma, aunque la verdad de todo aquél vergel de buenos propósitos que emanaba de los sencillos y bondadosos lugareños, contrarrestaba con los ánimos del palacio del viejo Conde, donde nada ni nadie era capaz de apaciguar su disgusto. El Señor que se creía de aquellas tierras no terminaba de convencer con su falsa dispensa y un trampantojo de pan y circo sobre el verdadero significado que había intentado dar al último regalo envenenado con el que había agasajado, de manera falsa, a sus convecinos y que no terminaba de calar en la opinión pública. 

No sabía que la fortuna del tiempo, muy a su pesar, había permitido que aquel reino al que pretendía controlar con sus dudosas artes había vencido a un analfabetismo impuesto y a una sumisión de la mayoría ante una falsa élite que lo único que pretendía era perpetuar la oscura manera con la que habían mantenido sus privilegios durante siglos.

Pero el Conde, que lo veía todo muy claro en principio, tuvo que hacer algunos retoques al discurso para justificar con calzador sus derroches de innecesarios reconocimientos a un tiempo oscuro al que parecía deseaba volver con las nuevas dispensas que le ofrecía la libertad, esa misma que lo mantenía en su palacio en aquella céntrica plaza de la Villa. 

Aquel hombre gris intentaba ocultar la ridícula decisión de homenajear, con elementos inadecuados,  a la mayoría del vecindario que con su sangre, su sudor y sus lágrimas habían labrado tierra ajena. A esos mismos que dando incluso, en aquellas eras, su propia dignidad secuestrada en las hazas de señores de poca indulgencia y gran afán de poder absoluto se negaban a blanquear tal despropósito. 

El Conde, con su actitud despótica, pretendía hacer de aquella oda a la miseria y la decadencia el homenaje a los sufridores del eslabón más débil. Era como intentar enaltecer al pueblo judío con una fila de prisioneros entrando en un Campo de Concentración con su portada imponente y una Gran Esvástica 'hermosa' en el penacho, algo indudablemente majestuoso, a la par que infame.

Y aquí, en estas tierras para propios y extraños cuándo pasan por una de sus grandes avenidas, al final, se llevan la sorpresa del siglo y de los que están por venir. Pueden avistar con incredulidad un museo de los horrores en vivo y de postre un cortijo. La escena repleta de figuras sin rostro, ni identidad, sombras sin nombre, ni apellidos tal y como le gustaba a los poderosos. Seres en forma de números, faltos de humanidad, férreos, delgados, como ánimas alrededor del fulgor de aquel portentoso edificio. Rodeado de gallinas que no eran suyas, perros que adiestraban para ser herramientas de sus señoritos y todos sus avíos. Horrible, no por su majestuosidad estética, sino por lo que representa, la viva estampa de la miseria y la decadencia de un pueblo, nuestro pueblo.  

Y, por más que el Conde intentaba tapar el sol con un dedo, parecía haber olvidado que en el solar dónde crecen los cipreses yacían olvidados decenas de huesos sin merecida dignidad por querer dejar de ser la sombra bajo aquel bonito cortijo y reclamar que aquellas siluetas tuviesen cara, vida, nombre y apellidos, esos que casi habían sido arrebatados.

En aquella encrucijada, el Conde intentó cargar contra todo aquel que creía enemigo para tapar unas vergüenzas tan evidentes que se manifestaban tan oscuras como las sombras con las que pretendía engañar a sus vecinos en aquel aquelarre de derroche y anacronismo. 

La Navidad aún seguía su curso y quizás con la trasera del carrusel del Rey Baltasar el señor Conde aún tenía una nueva oportunidad de intentar dar luz a tan oscuros senderos por los que venía transitando con poco acierto.

Diego José López Fernández
01-01-20

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