8 ene 2020

VOCES SIN ALMA

Hay ojos a los que nadie mira.
Voces a las que nadie escucha.
Oídos a los que nadie habla. 
Corazones para los que nadie laten.
Hay sombras que no tienen cuerpo,
vidas que carecen de alma.
Hay errores que te anulan
y conducen a la nada.
Personas casi sin rostro
que pasan sin zancada,
y sus pasos sin huella,
y su existencia vana.
¿Cuántas veces nos fijamos en su envoltura de llamas?
¿Cuántas veces acudimos a su llanto de plegaria?
Qué inútil cuando nada
salva la vida su distancia
y con abrupto sigilo
se apaga tanta desgracia.
Ya no quieren sus oídos escuchar nuestras palabras,
ya su voz no quiere ser escuchada,
ya sus oídos no necesitan la llamada.
Y ahora todos en manada
lamentamos tu desdicha,
cuando tus penas fueron
lejanas a nuestra vida.
Pero baste, al menos,
la redención del alma, 
para recordarte siempre
viajero sin amarras.

Diego José López Fernández 
08-01-2020 
A ti, Carlos. 

1 ene 2020

CUENTO DE NAVIDAD

Remiendos del alma
El reino pacía tranquilo y, entre las voces blancas de algunos coros infantiles y las luces navideñas que brillaban con intensidad en las céntricas calles, cumpliendo con su función de atraer hacia los bonitos escaparates a los vecinos y vecinas que ultimaban las compras típicas de la fiesta, disfrutaba de las entrañables fechas. 

Todo aparentaba calma, aunque la verdad de todo aquél vergel de buenos propósitos que emanaba de los sencillos y bondadosos lugareños, contrarrestaba con los ánimos del palacio del viejo Conde, donde nada ni nadie era capaz de apaciguar su disgusto. El Señor que se creía de aquellas tierras no terminaba de convencer con su falsa dispensa y un trampantojo de pan y circo sobre el verdadero significado que había intentado dar al último regalo envenenado con el que había agasajado, de manera falsa, a sus convecinos y que no terminaba de calar en la opinión pública. 

No sabía que la fortuna del tiempo, muy a su pesar, había permitido que aquel reino al que pretendía controlar con sus dudosas artes había vencido a un analfabetismo impuesto y a una sumisión de la mayoría ante una falsa élite que lo único que pretendía era perpetuar la oscura manera con la que habían mantenido sus privilegios durante siglos.

Pero el Conde, que lo veía todo muy claro en principio, tuvo que hacer algunos retoques al discurso para justificar con calzador sus derroches de innecesarios reconocimientos a un tiempo oscuro al que parecía deseaba volver con las nuevas dispensas que le ofrecía la libertad, esa misma que lo mantenía en su palacio en aquella céntrica plaza de la Villa. 

Aquel hombre gris intentaba ocultar la ridícula decisión de homenajear, con elementos inadecuados,  a la mayoría del vecindario que con su sangre, su sudor y sus lágrimas habían labrado tierra ajena. A esos mismos que dando incluso, en aquellas eras, su propia dignidad secuestrada en las hazas de señores de poca indulgencia y gran afán de poder absoluto se negaban a blanquear tal despropósito. 

El Conde, con su actitud despótica, pretendía hacer de aquella oda a la miseria y la decadencia el homenaje a los sufridores del eslabón más débil. Era como intentar enaltecer al pueblo judío con una fila de prisioneros entrando en un Campo de Concentración con su portada imponente y una Gran Esvástica 'hermosa' en el penacho, algo indudablemente majestuoso, a la par que infame.

Y aquí, en estas tierras para propios y extraños cuándo pasan por una de sus grandes avenidas, al final, se llevan la sorpresa del siglo y de los que están por venir. Pueden avistar con incredulidad un museo de los horrores en vivo y de postre un cortijo. La escena repleta de figuras sin rostro, ni identidad, sombras sin nombre, ni apellidos tal y como le gustaba a los poderosos. Seres en forma de números, faltos de humanidad, férreos, delgados, como ánimas alrededor del fulgor de aquel portentoso edificio. Rodeado de gallinas que no eran suyas, perros que adiestraban para ser herramientas de sus señoritos y todos sus avíos. Horrible, no por su majestuosidad estética, sino por lo que representa, la viva estampa de la miseria y la decadencia de un pueblo, nuestro pueblo.  

Y, por más que el Conde intentaba tapar el sol con un dedo, parecía haber olvidado que en el solar dónde crecen los cipreses yacían olvidados decenas de huesos sin merecida dignidad por querer dejar de ser la sombra bajo aquel bonito cortijo y reclamar que aquellas siluetas tuviesen cara, vida, nombre y apellidos, esos que casi habían sido arrebatados.

En aquella encrucijada, el Conde intentó cargar contra todo aquel que creía enemigo para tapar unas vergüenzas tan evidentes que se manifestaban tan oscuras como las sombras con las que pretendía engañar a sus vecinos en aquel aquelarre de derroche y anacronismo. 

La Navidad aún seguía su curso y quizás con la trasera del carrusel del Rey Baltasar el señor Conde aún tenía una nueva oportunidad de intentar dar luz a tan oscuros senderos por los que venía transitando con poco acierto.

Diego José López Fernández
01-01-20

30 dic 2019

LUTO NOCTURNO


Luna de vereno D.J.L.F

Y decir que la noche es para el luto
cuándo la luciérnaga alumbra su fulgor
y sigiloso se escapa el eco.

Luto dicen de la noche
cuando los druidas avezados
encienden sus calderos
y la sabiduría emana, sin remedio.

Que de luto se viste la noche, comentan
y en la libertad los pensamientos
que el día envuelve con su luz
se aclaran, más si cabe, en la oscuridad.

De luto abanderada la noche,
cuando la diversión llega a su culmen
enjaulada en ebrias batallas
que el día sabrá pagarlas.

Enlutada la noche velada
y la luna esplendorosa y plena
despliega la otra luz,
esa luz tan suya, tan extraña.

Cuánto luto circunscrito a la noche
y las sirenas sonando en el prado,
llamando a los seres a la lujuria,
que se entregan ávidos al placer.

Qué luto más irracional el de la noche,
cuyo desdén sólo necesita alejar a la masa
del verdadero sentido de su luz,
tan sagaz, tan denodada.

Un luto sin muerte, insurrecto,
para el alma del valiente,
para la noche de los genios.

Diego José López Fernández
09-04-2019

10 dic 2019

¡VIVAN LAS CAENAS!


Diego José López Fernández
10-12-2019

9 dic 2019

LAS SOMBRAS

En la sombra terciaban tus desdichas,
aciagos días eternos en la era,
que con poco pan y añejo tocino se saldaban, 
mientras tu sudor regaba la tierra.

Sombras que atesoran tus temores
de subyugos asumidos, sin sentido,
con idolatría pasmosa a los señores
que hoy son paz y luego gloria.

Sombras que borran tu rostro,
alejándote del libre pensamiento
y convertido en esclavo voluntario
de los terruños de otros dueños.

Sombras que dibujan tu arruga
y flagelan la esencia de tus desdichas,
sin preguntarse como sientes la vida
que tan atada queda a sus caprichos. 

Sombras que enjugan tu llanto
de amarguras incomprendidas
de los que con vara de mando
se creen las asas de tus riendas. 

Sombras que tras los blancos muros
encierran pesadumbres oscuras
y gritos ahogados en el aire
que matas con bocados en tus puños.

Sombras que tristes te han eclipsado
en la posibilidad de tu astucia
y han trampeado tu devenir
en pos de su avara argucia. 

Sombras a las que hay que dar luz
para que la longitud de su fulgor
no siga abrasando jamás con impunidad
las alas libres de tu voz.

Diego José López Fernández
9-12-2019

2 dic 2019

QUE NO DUERMA TU VOZ

Nunca hay puentes para el alma
Dulces notas evocadas en la noche,
ante el fin de la eternidad,
suspiradas en la fatiga del miedo
en halo soberbio de dignidad.
Cuando, abandonada, finaban tus reproches].

Acallada en un grito infinito,
que nadie supo escuchar. 
Mas, descifrados oídos atentos,
anotaban de tu canto las corcheas
y punteaban, hábiles, los silencios.

Partituras escarchadas, sin dulzor,
que adormecían en las iras advenidas,
cuando la batalla apagó su fulgor,
pero atizaban las garras de la infamia.
Cobardes, atrincheradas y revenidas.

Atravesaron con el plomo tu gris materia,
creyendo que tu canto acallarían 
y sonaban en sus sucias melodías,
vuestras voces que jamás se dormirían.
Tan si quiera ante el canto de una nana desvaída].

Dejaron tus cuerdas de dar tonos.
Pero no cesó tu lucha en vano,
pues pronto tus brumas azuzaron
nuevos tiempos, con buenos abanderados,
sin derrota, sin hieles, ni nublados.

Resuenan en el tiempo del pasado,
con renovado y hábil instrumento.
Pues, la voz que a ti es debida,
jamás pacerá en el olvido
de estos dedos que hoy la resucitan.

Diego José López Fernández
2-12-2019

18 nov 2019

SEÑORAS DE LA ESCORIA

¡Perra! Te gritaban en aquel túnel
y la luz sólo veía tinieblas,
entre focos de coches que paraban,
para saquear tu cuerpo, sin clemencia.

Tú eras aquella zorra de señores
cuyas sumisas esposas los aguardaban
y protegían en la mísera cobardía
de una mentira que las aniquilaba.

Tan señoras ellas, tan putas ustedes,
que tratadas entre mafias vomitivas
quedáis secuestradas por el terror
y las bocas calladas de la gente.

Malas putas, os llaman, inmigrantes, negras
cubanas, de Varsovia o Nigeria.
Destinos fatales del sino,
que os condujeron a la caverna.

Sobran tus reconocimiento, pero sacian
las ansias sexuales de educados caballeros
con maletines de trincheras
que después erradican tus derechos.

Malas vidas las vuestras
que necesitan esconder verdades
de aquellos que os corroen,
os corrompen, os atan y pegan.

Falta de preguntas y respuestas falsas.
Caminas a ciegas, sin destino,
en un sendero de luces apagadas
con el miedo incesante a la espalda.

El que te usa sin quererte cerca
y te sacude para que desaparezcas,
y, con ello, su mala decencia,
no es más que ser de cruel vileza.

¡Tú señora! Tan señora y puta.
¡Tú señor! Tan señor y escoria.

Diego José López Fernández
12-11-2019

6 nov 2019

LLUVIA SIN UNANIMIDAD

Hoy llovía y le importaba al agricultor, ese que con sudor y esfuerzo levanta la azada día a día para arrancar de la tierra sus productos. Llovía y era feliz porque el fruto de su tesón era regado con el maná de un cielo que lloraba riqueza.

Hoy llovía y el vendedor de paraguas y chubasqueros se reconfortaba pensando que las ventas aumentarían. Eran esas tormentas, a ratos, las que le proporciaban más ganancias.

Hoy llovía y el dueño de la chocolatería intuía como las mesas de su negocio aglutinarian, de un momento a otro, a familias enteras alrededor de una taza caliente acompañada de churros sabrosos.

Hoy llovía y el jardinero planeaba el futuro de aquellos setos que crecerían agradecidos al líquido vital. Fuertes y arraigados a una tierra madre incondicional.

Hoy llovía y los pantanos se mostraban tulgentes y voluminosos, encerrando bajo sus aguas pequeños tesoros arqueológicos que sólo el estío muestra su tétrica belleza. Falso regalo para los ojos que aviene tras la tragedia de la asfixia.

Hoy llovía y los arroyos inertes volvían a la vida, cuáles lázaros a la voz de arrullo de las gotas incesantes.

Hoy llovía y el suave tintineo del aguacero se convertía en una sinfonía de bellas notas indómitas, pero que marcaban el compás sin equívocos.

Hoy llovía y la atmósfera enrarecida limpiaba sus pulmones de toxinas acumuladas por los malos hábitos de un humano cada vez más acomodado y sedentario.

Hoy llovía y los bosques sedientos absorbían, a borbotones, las cuantiosas rías de agua limpia, cristalina, pura. 

Hoy llovía y al bajar del taxi se mojó el pie, maldijo a aquel mal de la naturaleza que provocaba atascos, que ensuciaba con sus corrientes las calles. Y se acordó, pues, de lo poco que le gustaba la lluvia y tenía mil razones para ello. O¿quizás era sólo una?

27 oct 2019

SOLO, A TU PESAR


Saliste con la punta de tu lanza
a escribir cuentos de castillos
con alguna princesa encantada
entre los muros de sus ladrillos.

Solo erigiste la espada
ante las crueles batallas
donde vasallos sin escudos
te abandonan en la nada.

Alfiles que en diagonales
se topaban con los peones, 
cuyo reino del tablero
se lo ofrecían a perdedores.

Tal era la estima
y las ganas tan bajas
que, aún, echándotelo al hombro
no daban cuenta las ganancias.

A pesar de tu autonomía, 
tan solo te quedabas,
que por más valiente que fueras
tus dudas se entendían.

Te hiciste parco en decisiones,
a pesar de tus cualidades
y, sabiéndote distinto,
entre todos te perdías.

¡Basta ya! Dijiste un día
y las riendas asistes
y, desde entonces, cabalga
henchida en voz tu alma.

Ya no importan las cadenas,
ni la opinión de la masa.
Te proclamaste presidente, 
por diferente en la carcasa.

Ayer quise darte juego
hoy no sirves para nada
tan solo y triste como estabas
es como acabarás la cruzada.

Sin más compaña que la una,
en las previas de la campaña.
Más solo que el reloj
aunque toquen las campanas.

Diego J. López Fernández
27/10/2019

ROJA Y BUENA

Las tapias dejaron de llorar
para sonreír en mañana brillante.
El gris de la parca que los retenía
se ha hecho luz para volar sin alas, 
hacia un camino de partida errante.
Aquellos gatillos anónimos, sin balas
cayeron fulminantes a suelo férreo.
Mientras, se alejaba sola la penumbra.
No importaba la bandera, ni los gritos,
pues no eran más que fruto de soberbia
de una justicia que, al fin, llegaba.
Resonaron en las mentes asustadas
campanadas de victoria a destiempo,
mas el replicar necesario,
abrazaba cada tañido como un triunfo.
Metálico sonido que hacía batir
en un vuelo eterno a las palomas.
Revuelo pacífico sin aspavientos
que sucedía tras cerrar la puerta.
Un Estado en mujer encarnado
y encinta en negro, por recato, 
sin óbice de protagonismo deseado
buscaba evitar un cierre ufano.
Comitiva desdeñada de carroña
iracunda y rabiosa cabalgaba
soberbia inmunda que les mueve
tras haber despreciado la pérdida.
Indómita actitud de quien disfruta
del todo por la nada
porque valga su opinión amarga,
lo mismo que la de una rata.
Despegado sin honras y sin causa
acompañado por el que al suelo
llamaba a los electos de la patria.
Se acabó el segundo acto.
Por fin el telón bermejo caía,
más que pese a los viejos y a los nuevos
que de nostalgia mal querida
izan, aún, la bandera indebida.
Sean santos los sepulcros que de momias se alejan
y libres aquellas tapias
de sangre roja y buena.

Diego J. López Fernández
25-10-2019

23 ago 2019

SANACIÓN

Vista nocturna de Villamartín
Sanadora sea la noche,
que, en eternos abrazos,
ahuyente a tus temores
atados a placer con lazos.

Escuetas sean las miradas
abrasadoras de la luna,
que, con su haz, nos cura
la rancia ira malhumorada.

Luceros que crecen, sin fin,
en la infinitud de lo eterno,
dan luz que irradia en tu cuerpo
cuál compañera equilátera en ring.

Sendas oscuridades esconden
a tu alma altro afligida,
que, aterrada, a la par que mohína,
perpetúa sus sarmientos en brotes.

Y sean, pues, las nocturnas,
tus últimas serenatas
y escruten tan gratas
como deseos en la urna.

Pronto y quieto el azabache,
convertido en albor estará
y, fulgorosa en blanca paz
te eliminará, al fin, del escrache.

Diego José López Fernández
23-08-2019

15 jul 2019

Y ASÍ TE AMO



(I)
Tengo el alma henchida de gozo,
cuando apruebo tu felicidad en mí
que en sonrisas de presente regalas
cada mañana como premiado grial.
Saltándote la nota de lo escrito,
posas tus palmas en mi cara
y tus dedos delicados en mi tez
acompañan a tus graciosos gritos.
Sabedora, sin conocimiento al mal,
te conviertes en mi única valedora
y espantas cualquier pensamiento fatal,
acunándome en mi adultez.
Sin mesura, sin ánimo de resarcir.

(II)

Tembloroso quedo ante tus ojos
que brillan, cual cristal,
mas no paran de llamarme,
para una nueva lucha comenzar.
Batalla de mil risas,
sin lágrimas de sal.
Y así es cada mañana
mi angelito colosal.
Y así es como me levanto
con toda gana de luchar.
Y así fuerte en mi esperanza
que ante los peligros va.
Y así todo mi pequeña,
mi gran tesoro vital.

Cuando unimos nuestras manos
en el camino repleto de piedras
se allanan los terrenos
al paso de nuestra juerga.
Destrozamos, juntos, con los pies
una dura pared dorada,
cuyo brillo no nos engaña.
Y sin necesitar tacones
para patear al chacal,
nos reímos como hienas
sin perjuicio pertinaz.

Y así luchamos unidos
mi vástaga y mi sino.
Y así avanzamos a la meta
de un futuro prometido.
Y así, aferrados y avenidos
en comunión nos espera
la sátira y la inocencia.

(III)

Ya es muy tarde mi rosita.
Sin espinas das olor
y con un tallito frágil
tu fragancia me embaucó.
Fue flechazo que sin vista
a todo mi ser cautivó.

Flor pequeña de mi vida,
asunto primo del corazón
de éste, que su parte puso,
para configurar tu candor.

Y así viniste, pequeña abeja
como a mi vida lo mejor.
Y así tuvimos la esperanza
de encontrar la perfección.
Y así toda tú, mi amor,
explotaste como genio
la existencia de los dos.

Que pasen los días, largos,
para embriagarme en tu razón.
Nunca que tus manos
se aparten de mi apretón.
Siénteme puntal del alma
de tu vida, mi primor.
Y duerme a la dulce nana
de las notas de mi voz.

Diego José López Fernández
Dedicado a mi pequeña Julia
06-07-2019

11 jul 2019

A CONTRACORRIENTE

Hubo días de tinieblas en los que brilló el sol más que nunca y, a pesar de que el tiempo estaba en nuestra contra, no nos mojamos bajo la lluvia, aun  estando desprovistos de paraguas, nuestra desnudez venció al charco que nos ahogaba. 

Ahora aquí, sudando  en el Ártico de nuestras vidas, nos hacemos fuertes, a contracorriente de lo que se espera de nosotros.

Diego J. López Fernández
11-07-2019

8 jul 2019

🖤NO IMPORTA🖤




🖤No importan las noches y las travesías que la existencia disponga ante ti, con socavones, si tu firmeza está dispuesta a corregirlos, bordearlos saltarlos, sortearlos.

🖤No importa cuántas veces te tomen el pulso y lo pierdas si sabes utilizar las pocas fuerzas que te quedan en pro de alcanzar tu meta.

🖤No importa que ames y seas amado si en la combinación perfecta la X de la regla de tres no sabe despejarse nunca.

🖤No importa lo tanto feliz que seas ante el mundo porque el mundo quiere verte en el lodazal, y el lodazal es paraíso para los cerdos, hazte uno de ellos, pues, y serás invencible.

🖤No importa lo diestro que seas si no sabes utilizar la mano izquierda y sin que la derecha se entere de todo lo que tienen que hacer unidas.

🖤No importa lo bueno o malo que seas porque, al final, tus bajezas hablarán de ti, y de mí, y de todos, porque la bajeza es la mejor arma del despreciable humano.

🖤No importa lo mucho que te importe lo esencial cuando un ápice de materialismo se impone a la cordura y lo descontrola todo.

🖤No importa la buena intención, ni la mala, cuando la interferencia tergiversa su mensaje y se equivoca su fin, contraproducente e inútil embarcarse en la empresa de las explicaciones inoportunas, innecesarias, inútiles.

🖤No importa lo que te aflige si con poco conformas a tu felicidad y la haces infinita en el rayo de luz de las tinieblas.

🖤No importa cuánto estés dispuesto a asumir si nunca va a repercutir, al menos, en el reconocimiento de tu decisión, porque jamás lo vas a asumir, aunque intentes engañarte, aunque ya te hayas engañado.

🖤No importa que te corrijas en tu esencia, y, a pesar, de seguir siendo tú haces de ese tú tu mejor versión porque la tendencia de la humanidad será siempre quedarse con tu primer tú y, aunque no lo sepan, dejaron de conocerte hace tiempo.

🖤No importa lo que te importe el prójimo porque si no te importas tú lo primero es fruto, tan sólo, de un penoso espejismo.

🖤No importa lo que otros hagan por ti cuando realmente jamás has pedido nada, no tiene sentido dar agua al saciado y tampoco al sediento que busca la inanición para desaparecer.

🖤No importa, pues claro que importa.

Diego J. López Fernández
08-07-2019

5 jul 2019

NO QUIERO MENOS

Dame lo que es mío
presa de la ira,
cual ladrona sin dominio
de las huestes podridas.

Sabedora, cuando quiso,
puso germen al druida
y hoy asume, con ahínco,
su ruindad herida.

Desoyeron mis oídos
el grito que mi vida
daba ante el dominio
de la fatal retahíla.

Y lloré como un niño,
frente a la paz desvaida,
haciendo de lágrima río
desbordado en la ruina.

Aquí se halla mi destino,
blindado en esta mina
de cráter y túnel infinito,
perdido en la ignominia.

Diego J. López Fernández
05-07-2019

22 mar 2019

QUIÉN FUERA



Quién fuera poeta para tocarte, 
poesía. 
Lanzar al viento tus versos
sin miedos y sin iras,
expresarte en libertad, 
sin vendas, sin mentiras. 
Alojarte en corazón 
de sincera valía.
Quién pudiera componerte, 
poesía. 
en tus cuerpos libres, 
en tus constreñidas guías.
Saberte cerca en lo oscuro 
tenerte al lado en la vida. 
Quién te soñara, 
poesía,
e hiciera de tus estrofas 
medicina a las heridas, 
cura sagaz para el alma 
de esta sociedad perdida. 
Quién fuera poeta, amada poesía, 
para volar en lo eterno
considerándote amiga.

Diego J. López Fernández 

3 ene 2019

QUE SEA TUYO EL CAMINO


Seguir un camino a pesar de no ver el horizonte
es un arduo trabajo de valentía, una fuga tenaz.
Una tarea constante de autoconvencimiento
de verse capaces de alcanzar sueños, tocarlos.
Irradiar tozudez en tus pasos, sin mirar las piedras
te convierte en un ser inestable, a momentos,
pero te regala brisas de libertad, tan necesarias.
Otear que a cada lado del camino existe una vertiente
condiciona, irremediablemente, tus triunfos,
aunque son cimientos, como no, de tus errores.
Lo fácil nunca pasa por avanzar y lo difícil es incierto.
Cuando fluyes la inmensidad te atrapa,
estruja tu aliento, te hace sentir la vida como regalo.
Si es luz lo que divisas tenderás a guiarte en su haz,
si, de un momento a otro, desaparece la tiniebla atroz
pondrá a tus sentidos a prueba de lealtad propia.
Sabrás, entonces, y sólo entonces, si eres de fiar.
Cuando no cesan tus deseos irrefrenables
conseguirás que tu audacia siga atenta
y la aventura continuará sus páginas.
Si postras tus pedestales en rellano de remanso
y los acostumbras al pastorismo bucólico
dejarán los callos de hacerte sufrir,
pero estancarás también tu sed de conocimiento.
Sea lo que sea lo que decidas hacer con tu horizonte
que nadie lo apague o encienda por ti
y si la senda se hace cómoda en las cunetas
que sean tus pies solitarios los que posen en ella.
No obstante, descubre, vuela, equivócate y camina,
inescrutables son los caminos que nos llevan a la gloria o al mismo abismo sin remedio,
pero respira tu decisión como el tesoro mejor vivido,
cómo la aventura del privilegio de estar vivo.

Diego José López Fernández
03-01-2019

13 sept 2018

La generación engañada

Parece que el mundo de los llamados milenials está dirigido por un ejército de influencers, instagramer, youtubers y viceversos varios que se tornan en los adalides del neo triunfador. Ahora, quien más likes cosecha o más seguidores atesore en el banco de sus redes sociales, se puede decir que tendrá asegurado un futuro, al menos, a corto plazo, porque está claro que los que somos milenials, nacidos entre 1980 y los 2000, somos las generaciones más engañadas de la historia, una absoluta pena siendo todos hijos de la Democracia.

Cuando éramos pequeños nos decían que teníamos que estudiar una carrera para ser ‘alguien’ en la vida, para llegar a tener el mejor trabajo y ganar mucho dinero con el que hacer realidad nuestros sueños. En esa ardua tarea muchos hemos empleado, al menos, las dos primeras décadas de nuestras vidas. Nos reíamos de esos compañeros y amigos que con 16 años abandonaban los estudios para trabajar en la albañilería o en la hostelería, principalmente, en la costa, y aunque ellos ganaban verdaderos pastizales de dinero y podían comprar con 18 años coches de alta gama e incluso tener una casa, tú estabas ahí estudiando, formándote para ser el gran triunfador que te prometieron. Y pronto, ambos os distéis cuenta de que vivíais en una mentira. Que os habían engañado. A unos porque comprobaban como la preparación académica no se materializaba en las posiciones laborales anheladas y a otros porque les hicieron creer que los bólidos y los chalets eran suyos, pero era obvio que no. Y perdieron, todos perdieron esa batalla.

Más tarde, cuando empezábamos a tomar conciencia del auge de Internet, asistíamos a la aparición de las redes sociales, de la vida en directo, de los multicanales de comunicación, de las emisoras en abierto, de la popularización de la telefonía móvil, etc., nos hicieron creer que éramos la generación mejor informada. Nos fuimos haciendo conscientes de que estábamos en la Era de la Comunicación, dónde el amigo que vivía a diez mil kilómetros podía tener una conversación fluida contigo a diario. Pero a la vez, nos fueron alejando más de nuestro entorno cercano, de transformar nuestras vidas en una página Web, nos enseñaron a mostrar nuestra visión del mundo a través de las redes y a narrar nuestros estados anímicos, convertirnos en expertos tertulianos, jueces, críticos de moda y analistas políticos, todo sin pisar un aula, sólo con el conocimiento infuso de la Era de la Comunicación. Y nos engañaron de nuevo. Parece difícil discernir entre la verdad, la postverdad, los bulos y las mentiras que se entremezclan de manera sibilina entre párrafos, más o menos, bien estructurados que fomentan desde el odio, a la xenofobia, el racismo o el machismo y nos encontramos, pues, con que la generación más informada, comparte imágenes, memes, pseudonoticias, información, al fin y al cabo, falsas, sin contrastar, sin ser ciertas, sin sentido y anulando una vez más la creación de una mente crítica. Es penoso comprobar como una dictadura había mantenido secuestrada la libertad de expresión y de pensamiento para mantener aborregada a las masas y precisamente, tras cuarenta años de Carta Magna sea la Era de la Comunicación, de la sobre información, la que siga manteniendo, casi intactos, aquellos valores que creíamos erradicados.

Por último, nos han hecho creer que estas generaciones hemos sido testigos directos de una nueva Era Política. De una etapa en la que no todas las cartas se la juegan dos, sino que el tablero se ha abierto a otras posibilidades, ahora tenemos más referentes en los que fijarnos, en los que poner nuestros designios. Casi salvadores de una patria que parece cada día más putrefacta. Y me pregunto ¿nos estarán engañando de nuevo?

El efecto dominó

¿Cuántas veces la propia inercia nos ha llevado a hacer lo que hacía el de al lado? Seguramente, alguna que otra. Es lo mismo a lo que llamamos efecto dominó, pero, ¿nos hemos parado a reflexionar el por qué de actuar de ese modo? Es más que probable que, en este caso, hayan sido los menos.

Ayer observé como alguien que conducía un vehículo se percató de que otro conductor estaba emprendiendo la maniobra de salir de un aparcamiento, hasta ahí todo normal. Vi, entonces, como ese conductor, sin querer aparcar en el hueco que se iba a dejar vacío, esperó a que el anterior saliese facilitando, así, su incorporación a la nueva ruta, esto ya menos habitual. No obstante, seguí contemplando la escena y pude comprobar como la persona que había sido agraciada con la amabilidad del otro conductor hizo lo propio unos metros más adelante con un coche que, igualmente, también salía de un aparcamiento. Esta situación sí que captó mi atención y me pregunté ¿lo habría hecho si el de atrás no le hubiese facilitado el paso? Es algo que no podremos corroborar, pero seguramente las probabilidades hubiesen descendido bastante. Así que me convencí de que el efecto dominó, en esta ocasión, había sido la herramienta perfecta para facilitar un sentido de civismo que no debería ser síntoma de contagio, sino una acción genética de necesidad. No obstante, creo que estamos lejos de alcanzar tal excelencia.

Fue entonces, cuando de una escena puramente cotidiana, mi mente comenzó a trabajar de manera autónoma y esa misma sinergia se materializó en preguntas algo más trascendentales ¿necesitamos los humanos un espejo en el que mirarnos? ¿El simple hecho de pertenencia al grupo es el que nos hace actuar de un modo u otro con el único objetivo de ser aceptados más que el deseo altruista de hacer lo correcto? Y en esa vorágine llegué, casi solito, a la conclusión de que el ser animales gregarios nos hace un poco esclavos del qué dirán. Perdemos de ese modo, algunos más que otros, la autenticidad y en ese momento abrimos infinidad de puertas hacia la manipulación, ya sea mediática, política, religiosa o social, pues el miedo a perder el redil de lo correcto nos aleja del grupo y eso, en la mayoría de los casos, crea pavor.

No obstante, me hice la pregunta al contrario, pues, en definitiva, el efecto dominó que había observado se materializó en algo positivo y surgió ahí otra duda ¿tendemos los humanos al drama dando prioridad a la parte más siniestra? Y llegué a otra conclusión, la intrínseca maldad que albergamos aflora con más facilidad el mal uso de las herramientas de las que disponemos. Es decir, un cuchillo, por sí mismo, no es un arma para hacer el mal y, sin embargo, nos sirve para multitud de acciones que nos benefician, aunque por regla general lo observemos con recelo. Ahí caí en mi trampa.

Casi sin saberlo me estaba sirviendo en bandeja una realidad, la de que en el fondo somos más libres de lo que pensamos, pero más verdugos de lo que se espera de nosotros. Así pues, será por el efecto dominó de lo políticamente correcto por lo que nuestras decisiones, en muchas ocasiones, vayan enfocadas a no dejar pasar al de delante por el riesgo a parecer idiotas y como si dejando al coche que nos precede hueco para salir, en vez de pitarle en señal de sanción, perdiésemos esa condición de ser humanos mas ligada a lo siniestro por la simple pertenencia al grupo. Y, todo esto, lo vine observando desde el balcón.

Baba de Lobos

Se los conoce por su fiereza y porque cuando abren las fauces blanden sobre sus víctimas toda la rabia que llevan dentro cercenando, si pueden, hasta el último halo de vida. Así actúan normalmente los lobos. Es cierto, tanto como que deben la mayor parte de su valentía al hecho de permanecer unidos y, sobre todo, a su poder de sumisión al líder. No obstante, sirva esta descripción más como metáfora que como rendición de cuentas de una especie maravillosa del mundo animal.

Sean pues llamados lobos, o lobas, a aquel conjunto de seres que por su capacidad de liderazgo o por su condición de servil forman parte de manadas que buscan, más bien escondidas en la maleza, la pieza a la que atacar.

De un tiempo a esta parte, se han visto multitud de manadas deseosas de sangre fresca. Yo mismo, las veo desde el balcón, casi a diario. Manadas que enfurecidas por un lobo líder buscan cercenar a sus víctimas sin que estas tengan el más mínimo poder de respuesta, o sí. A veces, las loberas están llenas de muchos individuos dispuestos a lanzarse cuando el macho o la hembra alfa toca el silbato, pero ocurre en alguna ocasión que esos no están preparados para el contraataque y lo que no saben es que si no matan a la pieza y esta se hace fuerte volver al redil significa el repudio y la vergüenza, pues es más que probable que el lobo líder afee su deslealtad. Suele ocurrir de forma más habitual de lo que alcanza nuestro entender. Sin embargo, a cada envite, la manada se va quedando pequeña y el líder cada vez más cercado.

También es común ver como si uno de los lobos o lobas sumisos se quedan atrás, rezagados por un contratiempo, la manada sigue y lo abandona, pero ya es tarde para la clemencia de una pieza que de ser víctima pasa a jugar un nuevo papel en el tablero.

En tanto en cuanto el líder o lideresa apee cierta solvencia inicial no garantiza que la meta haya de ser benévola, máxime cuando el trono ve peligrarse y alguno de los sumisos cree que ha llegado su momento de gloria, algo que al feroz también lo hace temblar. Y pasa, créanme que pasa.

Y en la inmensidad de un llano, cual batalla, con unos lobos huidos, el líder cada vez más sólo, y los sumisos babeando para ver quién asume el descalabro del finado, aparece la pieza, la pieza cada vez más dura, más cerril y más segura. En ese momento, brillan los ojos de algunos y aunque su interior sea un tsunami de rabia y odio saben que han perdido fuerza de ataque, miran que han perdido unos por no estar atentos a labrarse un respeto y otro porque creía en la infinidad del trono y, sin embargo, nada es como al principio. Nada en absoluto.

Deseó entonces la primada víctima, no tanto ser indulgente, sino dar el sitio que merecían por méritos propios esos lobos, el de la huida con el rabo entre las piernas, sin necesidad de morder, ni de venganzas estúpidas. Ellos seguían siendo lobos, sí, pero la manada había desaparecido y ahora sólo se podían regocijar entre sus babas, esas babas de hambre de un poder que habían perdido precisamente por su espejismo de supremacía. Una manada que ahora aúlla sola y a falta de un líder o lideresa que los guíe.

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