6 ago 2015

El noble arte de sobrevivir

Tardes de estío dónde el calor zozobra y rezuma por cada uno de los poros de la piel el sudor. Viernes, un gran atasco a la salida de la ciudad. La circunvalación se congestiona con multitud de coches, motos, furgonetas y caravanas. Si alguien mira por la ventanilla puede comprobar como su espontáneo compañero de viaje se rasca la nariz, pone a punto el aire acondicionado, baja el cristal para aspirar el viciado aire que viene de fuera, se acicala un poco o quizás se pinta de carmín los labios. La cola interminable, unos con destino a pueblos cercanos, otros comienzan sus vacaciones y van camino de la costa, pero todos, sin duda, están sudando. Pronto comienzan a avanzar los de la fila y poco a poco embrague y acelerador se alían para seguir el ritmo del que precede. Contento, pues la cosa prosigue, está cercano un semáforo en verde, pero cuando estás a punto de llegar el ámbar se enciende, el de delante frena y por ende tú también, ahora está en rojo.
Esa misma mañana también se había levantado, con el mismo sofoco y calor que el resto. Quizás no se pudo dar esa ansiada ducha matutina, pues no encontró la llave del grifo a mano. Quizás también su desayuno haya sido una rodaja de pan más o menos duro o en el mejor de los casos un buen samaritano le ofreció un café y una tostada en un bar del borde de esa carretera. Quizás los ávidos conductores en mangas cortas, en camisas de raso o algodón vayan mitigando los efectos de la canícula con sorbos a botellas de agua o quizás hayan recurrido a los aires acondicionados de su vehículo, ¡bendito extra! Dentro alguna que otra preocupación, alguna que otra prisa y algún que otro pasatiempo. Fuera la condena de un clima mediterráneo, un asfalto que bulle en espejismos y una pequeña mochila aledaña a ese semáforo en el que te acabas de detener.
Quizás las fronteras de tus cuatro latas te separen de la patria del que saltó una reja, fue capaz de cruzar un negro estrecho repleto de agua o atravesó varios kilómetros encaramado a los bajos de un camión. Dentro, tú o yo, con nuestras preocupaciones que no son pocas, fuera la mirada de un pobre diablo que poco tiene que perder, un diablete cuya blanca sonrisa y pupilas azabaches destacan entre los coches con algún que otro pañuelo entre sus dedos, quizás también ambientadores o quitasoles. Ahí, mañana y tarde, en una precaria situación de seguridad, exponiendo incluso su vida por un puñado de céntimos, quizás algún que otro euro. Por una razón o por otra se han hecho fieles trabajadores de la indigencia. Algunos, además, cuentan con cierto reconocimiento de todos aquellos que día tras días reciben sus buenos días. Ellos ejercen el noble trabajo de la supervivencia.
Simpáticos, agradables, conformistas, la mayoría de las veces te regalan una sonrisa a cambio de absolutamente nada, aunque puede que sean los únicos buenos días que recibas ese día, quizás sea el único piropo que te han dedicado en meses, pero, sin embargo, nos resistimos a compartir un sólo euro, -mañana amigo, mañana que está la cosa muy mala- les decimos a veces y ¿a ellos les intentamos convencer de lo mala que está la cosa? ¿Cuántas historias arrastrarán sus vidas, cuántas películas y bestseller se escribirían si nos sentásemos con ellos una hora? ¿Cuánto podríamos aprender de su trabajo?
Después arrancas y con un mal sabor de boca piensas, pero ¿qué cambio yo ayudando a esta criatura si en el próximo semáforo habrá otro y más adelante otro más? Y es bien cierto, la respuesta es en nada, pero quizás podamos ayudar a que la dignidad con la que ejercen su profesión se vea recompensada. Al menos, sepamos devolver el saludo, sepamos descubrir nuestra mejor sonrisa, devolvamos lo que con tanto altruismo y poco esfuerzo hacen todos los días, darnos unos simples buenos días de corazón. Quizás ellos después reciban una comida o una cama en un centro de acogida o en comedores sociales, ciertamente de hambre, quizás no mueran. Pero no sólo de comida ni de dinero vive el hombre, pues la humanidad alimenta el alma de las personas. Compartamos con ellos lo bello que es levantarse de nuevo y soportar esta asfixiante calor y que los problemas son menos con una sonrisa. Sepamos ver los pequeños detalles de la vida que nos engrandecen como seres vivos a pesar de nuestra apatía, falta de interés y maldad. En definitiva, aprendamos a ser humanos.

Escucha

Cuanta tristeza encierra a este azar
cuando las velas se apagan sin más,
cual espectro tras la pena final
acompaña el alma que sola está.

¡Señor! Escucha mi verdad.
Muestrario de migajas sin pan
hambrientas de fortaleza brutal
que vagan a la deriva de un mar
cuyo oleaje es abatido a ras.

¡Señor! Escucha en soledad.
Penosa la arena del arenal
cuando el grano está preso en el penal
y desglosa el desarraigo mortal
ante el desatino de la maldad.

¡Señor! Escucha esta hosquedad.
Presto estará aún el sosiego vital
desprovisto de esperanza sagaz
y que no asegure en mí la bondad
que de tu lado está aún en lo fatal.

¡Señor! Escucha y sé bondad.
Rauda desvanece la caridad
cuando luchando por tu dignidad
de desagradecido pecarás
Si desperdicias limosna que dan.

¡Señor! Escucha tal maldad.
Porque tan putrefacto está este mal
que arrastrándose te querrá llevar,
mas atándote con fuerza voraz
tal que el desamarre te hará fallar.

¡Señor! Escucha sin pasad.
Cuando desesperado te halles más,
el desconcierto ante ti acudirá
y la gran locura te matará
con la cuchilla de tu arma letal.

¡Señor! Escucha y ten piedad.

Guillena, esencia de Granada

Caía lentamente en el horizonte una luna llena, los campos abrumados por una luz prodigiosa que en la nocturna calma sólo era interrumpida por el estruendo de los cohetes. El aroma a nardos inundaba las calles de la bella Guillena. La plata de sus respiraderos y candelabros, el haz glorioso de la bella talla y un rostro angelical que porta en sus brazos una hermosa figura de un niño prodigio.
Poco a poco el silencio, interrumpido por los sones de una banda que delicada hace sonar las partituras. Alguna que otra lágrima derramada en una mirada cabizbaja que sucumbe a su paso. La noche, el pueblo, las calles, todos rendidos a los pies de la patrona. Alegría y nostalgia se abrazan un año más el 8 de septiembre en el bello municipio al contemplar a la santísima imagen de la Virgen de la Granada.
Y el reloj parece que se para cuando avanza el calzado de los costaleros por la estrechez de la calle Fernando Ortega, de principio a fin los sentimientos, la gubia perfecta de la imagen y la devoción absoluta de los vecinos hacen que el recorrido por tan emblemático lugar sea único año tras año. Trío de marchas, todas a la altura de las circunstancias. Primero Coronación de la Macarena y la señora de Guillena avanza lenta, apaciguada, segura de sí misma, derrochando toda la elegancia de su hechura. Termina la calle, el pueblo la espera y, para esperar, más esperanza, ahora la sublime banda hace sonar Esperanza de Triana Coronada, júbilo. Y al final de la calle, la sorpresa, la alianza de la perfección. Una guitarra dos voces femeninas unas sevillanas desde el corazón y una lluvia de pétalos. El marco perfecto para un día inolvidable. Terminada tan sublime tormenta, se aleja de nuevo su contorno soleado con La Saeta. ¡Perfecta!
Muchas plañideras siguen las estelas de su manto, ahora bordado con innumerables pétalos de blancos claveles. Promesas en silencio, llantos enjugados y paso tras paso la devoción mariana de todo un pueblo. Perfecta armonía de pasión y sentimiento. Desde dentro y desde fuera, con o sin cercanía a la escena, lo que queda claro es que Guillena es esencia de Granada.
Y es así como empieza el mes de las tardes más cortas del verano que languidece. Las noches de fresca brisa se entremezclan con las bombillas de júbilo de la feria de esta bonita localidad sevillana. Desde hoy y hasta el domingo Guillena vive sus fiestas mayores. Sevillanas, buenos cantes y bailes, novilladas en la centenaria plaza y toros de fuego a modo de cierre esperan a locales y visitantes en una de las fiestas más importantes de la comarca. A sólo 10 Km de la capital.
Si tienen este fin de semana libre, algo de tiempo y ganas de pasarlo bien, es aquí dónde se cita el buen comer y la diversión. Los guilleneros les acogerán en sus casetas y les harán degustar los platos de la tierra. El recinto, pequeño y coqueto, es escenario de una feria de propios y extraños. Una copa de vino de la tierra, un buen plato de jamón y algún “pescaíto” frito serán los invitados perfectos y los compañeros de viaje ideales para compartir tan agradable escenario.
Es así como Guillena despide al verano. Es así como da la bienvenida al nuevo curso. Es así como siente su gente la devoción religiosa y al margen de las creencias individuales, respetables todas ellas, compartir con ellos sus vivencias es una experiencia agradable.
Desde su templo la Virgen de la Granada velará por el devenir de los tiempos. Erige un año más el talismán de la perpetuidad, unión de la tradición y el devenir. Sirve como lazo de unión de las generaciones advenedizas y venideras. Pero sobre todo, para bien o para mal, identifica a un grupo de personas en torno a un mismo fin. Las tradiciones, al fin y al cabo, son los ancestros de nuestras raíces como personas. Ellas nos hacen seres comunitarios y nos llevan a vivir en asociación. Por todo ello, con sus ventajas e inconvenientes, está en todos preservarlas y perpetuarlas. ¡Amén!

4 ago 2015

Belleza inerte

Equivocó la paloma el vuelo
y anidó en tejas de barro mugriento.
Los canales de desagüe anegados
expedían el hedor de las sobras humanas
y la gota que escapaba surtía la sed del pájaro.
Quiso ir al ancho mar y fue cazado.
La red de asfalto asfixiaba su vitalidad
y cual ave de Alberti asumió su equivocación.

Equivocó la paloma el vuelo
y paró en rejas de hierro oxidado.
Las calles de transeúntes atestadas
huían del devenir de la difícil existencia
y el ruido que emanaban la ensordecía de tristeza.
Voló hacia marismas oníricas pero fue atrapada.
Los marcos de rotos ventanales servían de cobijo
y como animal libre entendió su derrota.

Equivocó la paloma el vuelo
y posó en tierra baldía de suspiros.
Los bordillos que sirven de guía
dibujan el plano del entramado malsano
y la hierba de plástico que crecía carente de vida
asomaba su patética estampa ante el ocaso.
La hierba maldita escudriñaba sus raíces
y las patas quedaron enredadas en la desolación.

Equivocó la paloma el vuelo
y quebró, en aras de la verdad, su llanto.
Las alas desdeñadas se afligían
asumiendo en un ciclo sin fin
la maldad que la atrapó sin opción de libertad.
Tornó a soñar y su vigilia jugó mala pasada.
Su lecho se hacía cada vez más sepulcro
y quiso luchar ante la adversidad sobrevenida.

Equivocó la paloma el vuelo
y encontró un camino de largo paso.
La belleza inerte servía de agua para la vida.
Los callos y zozobra acumulados de experiencia
y el delirante caminar complicado han servido.
Soñó con alcanzar el paraíso con premura,
pero de bruces se topó con la simple realidad
y quiso vivir y respiró tranquila tras su vuelo.

Efímero

El comienzo es lo más importante de una buena base. Sí, son los comienzos los que hacen que la vida se presente sólida y que los sueños tengan una buena estructura para hacerse realidad, pues los sueños, al fin y al cabo, son imaginables y fruto del trabajo de nuestro conciencia y como dicen algunos viejos sabios todo lo que nos podamos imaginar es posible. Es por ello que fabricar un buen comienzo a base de sueños es la clave para mantener una vida plena y en constante búsqueda del bienestar.
Otra de las claves para que la vida no se convierta en algo soporífero y nauseabundo es vencer los obstáculos del día a día con la mayor de las sonrisas y dedicar a los asuntos importantes sólo el espacio que se merecen. Así pues, se debe tener en cuenta que lo verdaderamente importante es mantener intacta tu integridad y tu dignidad como humano. Es imprescindible, para ello, vencer los miedos y al que intente amedrentar responderle con el desdén de la simpática ironía.
Quizás las muchas premisas que nos han hecho creer como ciertas la propia experiencia se encarga de desvelar la gran equivocación en la que se hallan. Pues, no siempre lo que mal empieza mal acaba y mucho menos lo que bien empieza dura para siempre. Son las propias personas las que con sus actos y su capacidad de entrega son, o no, capaces de hacer de algo que su eternidad sea una realidad o simplemente que lo efímero se adueñe de todo, pero nada tienen que ver los comienzos y las circunstancias que a estos le rodearon, pues del mayor suburbio nace el genio y de las mejores familias el maleante.
A tenor de lo difícil de la vida, de lo difícil de emprender nuevos proyectos, de la dificultad que entrañan los cambios y la dificultad que acarrean las pérdidas tanto humanas como materiales, así como, sentimentales es el ser humano el que con su fortaleza débil debe hacer frente y crecer en la adversidad. Leí en una ocasión que la cuestión es seguir caminando, no parar nunca. Los pies no deben estar nunca estancados en el mismo metro cuadrado a pesar de que la nueva zancada pueda ser el preámbulo de un tropiezo o el principio de un camino pedregoso, pero para eso estamos, para sortear, vencer, seguir y no parar nunca. No importa dónde quieras o puedas mirar, pero hazlo siempre al frente, ten horizontes y no creas que porque el sol llegue al ocaso la luna va a dejar de reinar el cielo. Por eso, es preciso saber que nunca existe la oscuridad cuando los corazones albergan esperanza.
Y el amor, el amor juega en esta liga y ¿quién entiende el amor sin complicaciones? Es necesario para que el amor tenga sentido que las cosas no sean del todo fáciles. Es muy necesario que el amor quizás no haya empezado a caminar con el pie derecho y es incluso posible que el amor haya surgido de un tumulto de circunstancias desordenadas. Pero el amor, el amor sabe cuándo es verdadero, sabe perfectamente cuando la balanza se decanta por el lado positivo y que lo malo que pueda entrañar son obstáculos de bajo nivel. Es el amor el que mantiene vivos a los seres humanos y el amor nunca tiene fin, nunca tiene epílogo, nunca acaba, incluso es inmortal.
Este final es el principio de todo, es un final con punto y seguido, ya que es difícil perseguir a la eternidad y darle caza. Es el principio de todas las cosas maravillosas y las que no lo son tanto. Es el principio del primer día en el que decidimos vivir con otras metas, el principio de la voluntad de ser mejores seres humanos y mejores parejas y mejores hijos y amigos. Este epílogo es la auténtica verdad y despoja de falacias y mentiras la demagogia que nos mueve para ser sociales y admitidos. Si hemos llegado hasta aquí, si el cosmos se alineó para que nacieras, probablemente, no sería casual, pues todos tenemos nuestra particular misión, pero depende mucho de la voluntad individual si asirla o rendirse en la adversidad. Los sueños son parte de esta misión, atento a tus sueños tanto a los oníricos como a los que tienen su fase REM durante la vigilia serás más sabio, serás más humano y serás más valiente. Pues no hay algo más hermoso que ese final con esencia de principio infinito.

El tejado, el gato y el tiempo

Tranquilidad y sueño penden del tejado mugriento por el devenir del tiempo y la tormenta y los estragos del musgo invernal que recalcitran las tejas dejando un aroma añejo y una estampa de tiempos pretéritos se hacen dueño de la estampa.
Por los factores de la escena bien podría tratarse de una casa en ruinas, o simplemente de un edificio dejado al abandono, pero, ¿no es quizás el tiempo y los estragos del mismo los que nos hacen ser quienes somos? Seguramente, ese tejado esté cuidado por un mimo anacrónico que deja que sea el devenir el que dé su aspecto y personalidad, esa muestra, es evidente al contemplar como sirve de lecho a un precioso gato al que poco importan las cicatrices del reloj. Pues, el felino descansa acolchado entre las tejas y poco o nada parece importarle su entorno ¿o sí?
Circunstancias varias son las que nos convierten en unas personas u otras. Es nuestro propio tiempo el que vaticina con nuestros actos y vivencias como será el tejado que nos cobije en el futuro. Ya que nadie está exento de la senectud que trae consigo cada segundo, hora, día y año que pasan por nuestros cuerpos, por nuestras mentes, por nuestro ego debemos concienciarnos. Sin duda, somos fruto de acontecimientos, nacemos de un producto que fabricamos cada día con nuestra percepción particular de las cosas. Somos alguien y lo somos para otros “álguienes”  del mismo modo que no existimos para multitud de seres. Así es la vida y así la vivimos casi sin darnos cuenta.
Mientras tanto, el hilo se va enmadejando en su ovillo de la rueca de una de las parcas que decide cuán largo o corto ha de ser. Tiempo que debemos no perder en raspar el musgo que nos va creciendo, ni preocuparnos por las lluvias tormentosas que nos mojan, ni por los posibles descuelgues de nuestras tejas y ser conscientes de que podemos ser el remanso de paz o el lecho de un gato caprichoso que sólo quiere el mejor lugar para descansar y el cuál, poco o nada, tiene que ver con la apariencia, sino con la calidad.
Así pues, sepamos cubrir cada día las necesidades de los propios y extraños, aprendamos a sabernos sabios y únicos, erijamos nuestras tejados en la grandeza del horizonte y destaquemos por nuestras veletas que sepan señalar el norte al que se halle perdido.
Al fin, poco quedará de nuestro legado, pues el devenir cederá en el tejado y las vigas caerán, se desplomarán las escayolas, se volatizarán las tejas y el edificio quedará derruido. Aunque siempre permanecerá el espacio, ¡sí! el espacio siempre quedará, sirva como base para un nuevo edificio o para otros menesteres, pero la huella se hallará imborrable por siempre. Entonces, ¿para qué martirizar nuestra fachada cuando nada de eso quedará? Seamos felices y constantes y construyamos ese tejado mientras el tiempo nos beneficie y tengamos como objetivo ser cómodos y bellos para los que viven y se cobijan debajo de él y no marionetas de las vanidades del exterior que en tan podredumbre mundo se quedarán vagando por toda la eternidad.

La dirección de nuestra Carta

Todo comienza en la era de las cavernas, desde que el ser humano comienza a ser sapiens y busca a su alrededor cualquier manera de hacer la vida más cómoda, placentera y fácil.
Es cierto, todo comenzó ahí, pero pronto surgieron infinidad de controversias, pugnas y  luchas de egos. Pues también, desde de momento, el ser humano ha necesitado tener la opción de ejercer el poder y hacerlo de una manera llamativa con el tesón de buscar la admiración y el miedo de unos y el beneplácito y el consenso de otros.
De ese modo, la naturaleza humana se hace vasalla al imponer normas que acreditan su apellido de sapientes rindiendo pleitesía a la cordura para una grata convivencia y una consecución del bienestar común.
Por todo ello, se hace grande y se acuña el término de Constitución. Tan magna palabra nos hace partícipes de un proyecto común, constituir es formar, crear, dar forma, hacer algo. Así pues, esa tarea conlleva en sí misma la necesidad de poner cosas en común, de llegar a acuerdos, de hermanar pensamientos e hilar posturas comunes con el contrario. Es así como nacen las Constituciones como leyes comunes, aceptadas y dirimidas por todos los ciudadanos. Es nuestra manera de ser UNO, crear unidad y confraternizar con los semejantes que la aceptan como suya.
Pero como todo, la Constitución debe estar viva y arropar a mayorías y minorías, debe estar atenta a todos los miembros de su gleba. Debe servir de orgullo común y exhibirse en plazas, calles y avenidas. Constitución es algo más que norma, es un amuleto de la democracia. Así pues, la Constitución se convierte en la protagonista de bellos desfiles, de bellos perfiles y se aromatiza con el cambio de estaciones. Además, acoge nobles y enormes edificios, viejas catedrales y archivos que son patrimonio mundial. Pues, Constitución es más que una norma, es una arteria que mantiene viva a ciudades y que da aliento a la sociedad que la acoge.
Asimismo, debemos convertirnos en guardianes de la Carta Magna, hacer que la llama que de ella emana no se funda por un vendaval pasajero. Pues si difícil es consensuar la Constitución, más aún mantener los principios anquilosados en el tiempo. Ella es soberana de nuestros destinos de convivencia, de nuestros derechos y virtudes como ciudadanos y pueblo, pero además, debe ser garante de nuestro devenir y de nuestras nuevas necesidades, somos seres vivos y humanos, sapiens. Por ese motivo, a la Constitución se le exige ese nivel de vitalidad y progreso.
Llegados aquí, sólo nos queda felicitar a la nuestra, que el pasado fin de semana cumplió treinta y seis años.Como todo, encierra errores y aciertos, incluso puede que resulte anticuada, como esos padres de jóvenes adolescentes que comienzan a experimentar la vida, pero eso no los hace menos válidos ni a ellos ni a la Carta Magna. Aunque quizás, corriendo los tiempos que corren, bien se podría hacer un esfuerzo por adaptar sus renglones ‘atados y bien atados’ a las nuevas formas de vida de una sociedad que pide a gritos ser librepara evolucionar en lo que es algo natural desde que el mundo es mundo.

A través de la ventana

Era marzo, quizás abril ¿o septiembre? No sé, realmente no me acuerdo, pero no es el tiempo lo más importante en esto que os quiero contar, es el lugar y, sobre todo, la persona.
Si mal no recuerdo, contaba con tres años de edad. Yo, por ese entonces, vivía en el pueblo gaditano de Villamartín, de dónde soy y dónde me formé. Pero las circunstancias del destino querían que me enamorase de Sevilla ya que la vinculación que desde mi infancia me unió a ella era fuerte.Un día nos dispusimos a visitar a mi abuelo materno que trabajaba, por esas fechas, en el edificio de Telefónica que, aún a día de hoy, sigue estando en Plaza Nueva. Desde el principio, me impresionaron los enormes ventanales del edificio y la majestuosidad de aquella plaza que quedó grabada en mi memoria de por vida.
Quizás fue un simple paseo, pero para aquél niño pequeño la ciudad era más grande que para el resto de los mortales y a pesar de mi corta edad quedé maravillado con tan magnánimos edificios. Tras el recorrido por el centro nos dispusimos a ir al barrio de Miraflores. Allí, en la calle Conde de Halcón, mis abuelos tenían las últimas pertenencias empaquetadas y las cajas embaladas dispuestas para ser repatriadas al pueblo dónde volvían después de veinte años en la diáspora de destinos a la que habían sometido a mi abuelo en la empresa. Recordaré siempre, como un sueño, un azucarero naranja de plástico que saqué con mis propias manos de ese piso. Una vez se cerró la puerta los diez años que mi familia había habitado ese domicilio parecieron quedarse atrás.
Pero la esencia de Sevilla siempre quedó en mi retina y en mis pensamientos y el viaje que realicé de pequeño era sólo el preámbulo de lo que sería mi futuro. Pues cuando finalicé los estudios en bachillerato comencé mi andadura universitaria en la ciudad en la que siempre soñé vivir y en la que tiempo atrás tanta gratitud provocó en mis inmaduros pero férreos sentidos. Fue entonces cuando hice realidad uno de los mayores sueños de mi vida, ser periodista, y lo conseguí. ¡Vaya si lo conseguí!
Así pues, los vaivenes del propio devenir vital nos llevan hacia derroteros que, a veces, pueden ser poéticos si sabemos ver la belleza que encierran en su simpleza e inadvertida existencia. Y es eso precisamente lo que me pasó, que como un deja-vu pude contemplar desde otra perspectiva lo que los caminos nos llevan a andar. Si con tres años asombrado me quedé con los ventanales del edificio de Telefónica, más bucólica me pareció, aún, la imagen de ese maravillo edificio visto desde uno de los ojos de buey del palomar del Ayuntamiento de Sevilla, justo encima del arquillo dónde por estas fechas se ubica el portal de Belén del consistorio.
Habían pasado veinte tres años y el mismo sitio visto desde una perspectiva diferente me llenó de nostalgia. Recordé aquel día tan maravilloso en familia y el lugar en el que mi abuelo había aportado su labor profesional y ahora era yo el que contemplaba y el que trabajaba en ese sitio, bueno realizaba labor becada. Del mismo modo, pero desde las alturas cómo si el tiempo hubiese querido que volviese a ver ese tablero en el que estaba jugando, un tablero de ajedrez en el que había pasado de peón a torre, el recuerdo de mi abuelo sobrevolaba mis pensamientos.
Y quedó marcada en mi retina tan maravillosa estampa y nunca olvidaré ambos días y siempre quedaré embelesado con lo que esta bendita ciudad aporta y aportará a mi existencia. Y a través de la ventana comprobé como pasa el tiempo rápidamente y cómo el sino siempre es incierto, pero no por ello menos hermoso.

7 jul 2015

La mano de Goliat y el puño de David

Los tambores retumbaban en el valle desde el amanecer. Fueron los primeros rayos de sol los que advirtieron a los aldeanos de la fulgurante batalla que estaba por librarse. Como si de un Poseidón sin mares los tridentes se afilaban en ambas campañas y el destello de las ascuas despertaba la curiosidad de aquellos que habían madrugado para acoplarse en el mejor palco del patio de butacas.

Desde temprano, David comenzó a ataviarse con las corazas plateadas y endureció los nudillos de sus puños para encallarlos y servirse de ellos como herramienta perfecta para derrotar al temible Goliat. En un alarde de no quedarse rezagado el gigante de ébano empolvaba sus palmas de las manos ya que por la grandeza de su corpulencia no le hacía falta cerrarla para con la propia inercia de su movimiento derrocar a todo aquel que consideraba enemigo. Con semejante panorama la lidia se antojaba desproporcionada, pero David no desistía en su arrogancia y orgullo y a pesar de las vicisitudes estaba concienciado de que no intentarlo sería la verdadera derrota, pues, ¿qué tenía que perder?

Pronto comenzaron a abrirse las cortinas de ambas tiendas, los vasallos de cada bando, aunque en cantidad visiblemente sin equilibrio, vitoreaban a ambos contendientes y aplaudían la valentía que demostraban. Tanto el gigante de negra figura, como el imberbe caudillo formaron filas sin pestañear y el trofeo que se interponía entre ambos lucía con esplendor en el centro del campo de batalla.  

De repente todo se paralizó, sólo la respiración afianzada de los contrincantes, el sordo estallido de algún sollozo de compasión de las madres que arreciaban en el lugar, una brisa agorera del tedioso estío que se encontraba a la vuelta de la esquina y dos buitres que rondaban en el azul para recoger la carroña que sobraría tras la lucha se hacían su hueco. Al finalizar el último toque del tambor dio comienzo el vitoreado litigio.

Un Goliat tranquilo plantó su mano abierta como una tormenta de nubes ennegrecidas y con actividad eléctrica sobre el cuerpo de un David que se limitó a levantar su brazo con el puño bien cerrado que pronto quedó visiblemente hundido en la inmensidad de la extremidad del exacerbado rival. Los aplausos en las filas de Goliat apenas se manifestaron eclipsados detrás de sonrisas maliciosas que preconizaron cuál sería el resultado de la lucha y cuya presencia sólo se convertía en un acto de afianzamiento de su premonición. Todo acabó en cuestión de segundos. Al levantar la mano, David se hallaba muerto, las heridas eran mortales y el espectáculo pronto había acabado. Triunfante, Goliat, ante la plebe arrancó de raíz el pequeño acebuche de varas flexibles que servía como muestra de la victoria.

Cuando todos se hubieron alejado del lugar el cuerpo de David sólo quedó velado por sus escasos fieles que confiaron desde el principio en su triunfo, ahora contemplaban apenados como todos los esfuerzos habían sido en vano. Tal fue así que los buitres comenzaron a rondar a escasos metros del maltrecho cadáver.


Todo parecía acabado, pronto se esfumaron las esperanzas de aquellos que sólo confían en el aquí y ahora y ahora todo era desolación. Cuando también esos se alejaron, David, comenzó a respirar, con el puño aun cerrado alejó a los buitres carroñeros de sus maltrechas carnes, asió a sus compañeros y se levantó con la mejor de las sonrisas. Ahora, él sí contaba con la fidelidad y la lealtad, ahora era cuando verdaderamente comenzaba la guerra, mientras Goliat y sus secuaces celebraban con exaltación de egos su fácil triunfo, el pequeño pero inteligente David comenzó a elucubrar y articular su caballo de Troya con el que más temprano que tarde tumbaría de un silbido al victorioso Goliat. Pues David supo siempre que para ganar son precisos los espinos, mientras que Goliat seguro de su fuerza no alcanzó a comprender que sus espinos lo rodeaban desde el comienzo. 

Diego José López Fernández

1 jul 2015

VISTIENDO TU PERFIL

VISTIENDO TU PERFIL

Los lomos de tus colinas visten
verdes campos, blancas casas,
olivos enfilados en la cumbre
y palmeras que guardan la Plaza. 

Alta torre con tañidos de campanas,
techos bajos de las chozas encaladas.

Vestidos tus perfiles que están
todos llenos de fulgor, puritanos,
corriendo en tus calles el azahar
con un aroma de buen pasado.

Tus obradores de pan, dulces y molletes,
la lozanía de tus buenas mozas,
la cortesía de los mozalbetes,
partes todos de tus loas.

Cuatro caños que evocan
en cabeza de leones, sin Alhambra
y sin Mezquita, sino con una fuente noble.

Siete arcos que sustentan 
una portada gloriosa.
¡Bendita casa de todos!
Buena casa y hacendosa. 

Avenida de ancha cumbre
rematada en la Farola, 
Santa Ana y una soga
que, sin romperse, la atesoran.

Ataviada colina de blancas casas
que apuñalas el azul del cielo
y lo hieres con tus espadañas,
San Francisco con su patio,
las Angustias disimulada. 
Subida empedrada que ante ti me postra
con Virtudes y Montañas, todas ellas hermosas.

Verdes campos en la Sierra
donde estriban sus laderas.
Bienvenidas de Campiña
que al girasol sirven de era. 

Al llegar septiembre con el estío
todas tus calles están bellas,
con lunares y faralaes al vuelo
se convierte todo en fiesta. 

Grumete enraizado entre dos tierras
azul, blanco y verde tu perfil.
Hoy y siempre, siempre tuyo,
pueblo mío de Villamartín. 

Diego José López Fernández

27 mar 2015

Orgía Poeta

REQUIEM POR LA ETERNIDAD

El aire viciado en cianuro
anuncia la batalla final.
Ya, todas las sedientas gargantas
esperan la sentencia que les dé castigo.

La noche es larga en la espera.
Gritos inhumanos inundan el valle.
Las lágrimas de plañideras brotan,
aunque no alcanzan a saciar
el incomprensible desenlace.

El fulgor se hace eterno ante la Luna.
Ya nada es piedad ante el mal.
El vacío horizonte se presenta vano.
La esperanza muerta en la premura
del final que atenaza con su llegada.

Y volarán las malsanas añoranzas.
La niñez sobreseída en juicio primario
huye escudriñada entre las cloacas,
sobrevenido, quizás, el adulto inmundo
ya jamás habrá inocencia en su tez.

Helado rocío que mal abriga.
La caridad desposeída de sentido
hace de abrigo a la nueva esclavitud.
Sometimiento iracundo e infinito
que desdice a la mínima humanidad.

Caída del Imperio del raciocinio.
Cuan dolor acaecido sin sentido
el baile desleído entre jirones
hace del blandido armazón
un frágil castillo de naipes.

Y la calavera se antoja espejismo.
Las bruces de un accidentado golpe
hacen de cicatriz a las juntas de esta lápida.
Ahí descansan sepultados
los restos de una vida desdeñable.

Y amaneció en el valle y nada se paró.
La vida resurge de la muerte sucia.
De nuevo, brotó la hierba del pastizal,
como el día de la larga y oscura noche
y los colores sonríen con su siniestra belleza.
El fin es la nada del abismo y el principio del todo.

Ahora, temerosos y afanados
idolatrarán a falsos mitos de eternidad.
Mas, equivocados se hallarán todos,
pues, lo eterno es siempre principio.


ACOMPASADO

Compás de cante y arte
un, dos, un, dos, tres
y tus pasos se aceleran.
Un, dos y el latido estalla.
Un, dos, tres y eres flamenco.
Cuatro, cinco y seis
al trinar de la cuerda prima
y la soleá canta al viento.
Siete, ocho y taconea
ávidos los faralaes al viento.
Histórica pasión de lo jondo.
Nueve, diez y en ti bulería
y sudar tras la frente muñida
entre caracoles rizados.
Nueve, diez y vuelta al fin.
Un, dos, un, dos, tres.
Cantando al alba desgarrada
la muerte de un torero,
o la hazaña de un palmero.
Cuatro, cinco, seis.
Tronío de fugaz pasión
ante las tablas temblorosas.
Siete, ocho, tocando
en una seguirilla eterna
los quejíos de la verdad.
Nueve, diez y toco fin.
Un, dos, un, dos, tres al compás.
Cuatro, cinco, seis a tus pies.
Siete, ocho, nueve, diez ¡Olé! Y ¡Olá!


CREPÚSCULO DE LUZ

Afilas tras el horizonte en el alba
y escapas entre todo el desahucio vano
enmascarado de lucidez sin alma,
agotando el lánguido y fatal verano.

Exhibes tu lozanía en la batalla
que libras sin arma letal en tu mano
a sabiendas que son otras muchas lanzas
que con sus rayos te alejan de lo humano.

Moribundo tras la elevada montaña
para así, cuál Fénix, renacer más sano.
Y los cristales arañarán tu entraña,
y lejos irás iracundo en tu plano.

Desde la decrépita faz arrasada
verás sólo oscuridad de falso arcano
que a la insurrecta felicidad arrastra
todo tu ser infectado de metano.

La noche, como una selenita magna,
te tomará como su apresado hermano,
mas pronto, influirá la luz de la mañana
que a ti, astro rey, erigirá nuevo decano


CUANDO SEAMOS UNO

Cuando airada rozas las mejillas
contra las mías en caricias recias
sucumbe el amor a la eternidad
y lo sublime enmascara toda la felicidad.
Cuando subes a tus labios la pasión
y depositas el suave silbido en los míos
y todo en mi ser se estremece ávido
y todo en ti fluye con destreza sutil.

Cuando tus piernas me abrazan
y los sentidos de lujuria florecidos
arremeten en rienda suelta unidos,
toda tú, todo yo confluimos en uno.
Cuando decidiste atarme a tu castigo
y yo me dejé atrapar en tu laberinto.

¡Ahí! Sé que ambos ganamos al destino.


RUMORES

¿Oyes?
Sí, es el rumor de las olas en cólera.
¿Escuchas?
Claro amor, son los susurros de la noche.
¿Sientes?
Siempre. Mi interior se estremece ante sublime canto.
¿Atiendes?
Nunca dejo de hacerlo ante la belleza.
¿Sabes realmente quien soy?
Lo sé, eres yo mismo.
Entonces ¿por qué me hablas?
Porque temo tu ira, eres irascible.
Es cierto ¿lo escuchas ahora?
Claro, muy claro, es el rumor de mi agonía.
¿Te vas?
Sí, me echas, me voy, pero esta vez jamás volveré.


ERAS TÚ, SÍ TU

Eras tú fiera de la noche,
tú eras la que desgarrada con alevosía
los corazones carroñeros de las almas.

Dama sin piedad, muerte de Satán, que tu mano acomode
la desdicha de las almas sin vida,
de las anatomías de aquejadas alimañas.

Saña impune que aqueja el fatuo fulgor
de un averno que habita en las castellanas tierras.
Secarral secreto de poderosos caciques maltrechos.

Una yerma campiña desolada de amor
Cuyo mal quedó hacinado en la era
y las mieses arguyendo el fatal final se van, huyen lejos.

Y eras tú, sí tú, el talismán de la desdicha.
Por ser tu inteligencia mi mayor talón de Aquiles,
sucumbió todo mi ser a la nada, tu nada.

Y me quedo aquí, quieto, esperando el día.
Y se va la noche y por más que atine
nada es consuelo,nada, en esta lúgubre casa.


LA RIÑA

Cual causa de todo mal
expulsas de ti la ira acumulada.
Causa y mal del desencuentro
debido al devenir de los acontecimientos
Todos esos que no puedes controlar.
Ávida de enérgica desolación,
sólo sabes derramar una lágrima
que calma la sed de tu disconformidad.


LA IDA

Despertaba ansioso de café, cargado.
Amanecía y el fulgor del día me llenaba.
Gran sagacidad me blandía la esperanza
cuando todo, a la postre, se tornaba aciago.

Triste, enarbolaba la bandera de la enseñanza
cuando creí ser culto del duro entramado,
pero pronto supe de mi mentira insensata,
cuando de bruces caí en el vacío malsano.

El aire faltaba ahora en mis mañanas
y el sinvivir aliado y unido con la nada
supieron hundir mi plan al que obstinado.
Me agarré con afán y ahora veo fracasado.

Volaré lejos y me alejaré de esta España.
Ingresaré mis conocimientos en mejor legado.
Añadiré mi voluntad ansiosa y con saña.
Demostraré la pena que ha sido perder mi pasado.

Si regalar a la deriva era su tramada hazaña
con rabia y odio os aseguro que han triunfado.


EL ALTRUISMO DE LA VANIDAD

Hoy te vi ahí, harapienta, sucia y con las manos mugrientas, desquebrajadas por la mala vida. Te vi y me dio un vuelco la conciencia. Tú ahí, rodeada de figuras desdeñosas de algunos santos y de cartones roídos. Tu pelo sucio, encrespado y ¡a saber! si con roña. Te vi y me dio un vuelco el corazón. Tu olor, ese olor y esa falda hecha jirones, tus uñas sucias, esos pies encallados y cuyas durezas demuestran ese caminar descalzo que practicas. Tus ojos medio idos, esa profunda tristeza de tu mirada. Hoy te vi y me dio un vuelco en el alma. Tu incipiente lágrima, tu acento extranjero, tu piel comida por el sol, tus labios agrietados, tus guantes sin dedos y tus abrigos asqueados de tanta vida. Hoy te vi y mi caridad dio un vuelco, el mismo vuelco que ejerció mi mano para hacer sonar esa mísera moneda en el almirez mohoso que utilizas como limosnera. Sonó la moneda y tu sonrisa me hizo ser feliz. Hoy te vi, compartí contigo mis miserias y me hiciste feliz. Hoy he descubierto la fina línea que hay entre el altruismo y la vanidad. Hoy sé que soy humano. Hoy sé que tu desgracia puede sacar la mejor de mis sonrisas.


HACER EL AMOR

Una mano, la tuya, con delicadeza acariciaba mi rostro, despacio, dulcemente esas yemas fueron bajando hacia mi hombro y fundiste tus brazos rodeando todo mi ser. Mi mirada perdida en el horizonte. Un escalofrío hizo que brotase de tus ojos una lágrima aventurera que se hizo fuerte entre los surcos de tu mejilla y cual granada cayó en el campo de batalla de mi pecho. En ese instante, se detuvo el tiempo. Solos, tú y yo, fundidos, siendo uno como cuando en los albores de tu existencia mis entrañas guardaban tus desvelos y tu protección.

Ahora, fría, sin vida, inerte, expirando en mitad de un patio en el que jugábamos inocentes, rota a golpes por el ser que me regaló lo más bello, tú.

-¡Hijo! Te pido venganza. Venga mi desdicha amando y protegiendo al talismán de tu casa, ámala siempre. Muéstrale al monstruo que algún día dejó plantada una semilla inocente que deshizo el poco bien que habitaba en él y así habré ganado y así vencerás.


LA SOLEDAD DE LA VICTORIA

Tan sigilosa y cauta es tu destreza
que sabes como apropiarte del ser,
a sabiendas del ansia de crecer
y alojas en él la cruda dureza.

Como un suplicante que sólo ora y reza
muestras al triste e incauto tanta miel
que aunque a algunos le sepa como la hiel
para otros es victoria sin flaqueza.

Cuán pena de la victoria en soledad,
qué triste está el yelmo sin su lanza
cuando la angustia alberga ya lo mortal.

Ahora, ávido de escasa esperanza
te hundes, aún triste, ante el ruido mundanal
y aunque victorioso, solo, ¡solo!, te hallas.


SONETO AL BANQUERO

Eras tú la que me alentaba a la transacción
ávida de sacar beneficios a corto plazo,
mas sin mucho sentido que dado el paso
a sabiendas conocedor de tan magna ilusión.

Perdimos ambos la económica batalla al son
de unos ecos que surcados mis oídos amenazo
y sin dejar pasar mi dignidad y con el mazo
voy dando trompicones de vacía solución.

Llegado aquí y todo perdido en el abismo
sólo me queda la maldita resignación
aunque a gusto les haría perder el sentido.

Me comporto como humano y utilizo la razón
a pesar del odio que me corroe a mi mismo
sabré tener educación y esperar paciente el castigo.


A TI GERENA

Oteo las brisas de tu atardecer
desde una atalaya privilegiada
rodeado de piedra volcánica
y acerados de complicado andén.

Saboreo bocados de exquisita mano
cuando entre amigos brindó una copa
quién sabe si de vino de la tierra
o de burbujeante y fino champán.

Contemplo el paso del tiempo senil.
El paso del tiempo en un infante
y en el despertar del deseo juvenil
ávidos de nuevas aventuras vitales.

Sueño embaucado en proyectos,
pues de tus calles debo ser pregonero
si beneficio propio he de sacar
con deseo de servir al prójimo.

Encantado con el saber de tu cultura
con los sones de las musas instruidas
entre parihuelas de fe y esperanza
bajo un manto protector en primavera.

Cuánto decir de ti, desconocida.
A pesar de mi efímera estancia,
cuánta buena gente entre tus arenas
cuyo polvo disuadido te muestra, Gerena.


A TI VILLAMARTÍN

En la distancia te echo en falta.
Cuestas empinadas y palmeras en la plaza
redonda y presidenta de ella una fuente
de cuatro caños de agua.

Horizonte soleado de silueta serena
cuyo albor destella en una ermita
dónde reside una Reina chiquita,
pero de grandeza inusitada.

Torre altiva y generosa
cuyo reloj nos da las horas
de estas vidas de desdeño
cuya fe habitas dentro.

Fiestas de septiembre, siempre grandes,
con carretas y caballos engalanados
entre tierras de olivo y amarillo albero
dónde el cante se alía al compás.

Domingo grande en primavera
dónde sones de pólvora y alegría
acompañan a un cristo triunfante
que saluda al pueblo en cada calle.

Cuán grande es tu tierra desde la lejanía.
Cómo aprecias el día cuando llega el fin
y puedes contemplar con distancia
cuánto quieres, amas y adoras a Villamartín.


Y ASÍ FUE

Comencé a caminar sin yugos ni cuerdas
asesorado sólo por mis dones inteligentes
que a sazón de cada paso recordaban,
como pasados tiempos, aun sin pensarlo,
resultan mejores en la frágil memoria
que nos regala la incauta mente humana.

Cada paso era más firme que el suceso,
el devenir futuro incierto me alentaba
corriendo hacia nuevas metas inexorables
de pecados ya cometidos y asimilados.

Creí ser fuerte ante tu ignorancia
necesitando crecer en ego a cada segundo.
Molestaban las palabras maldicientes
a mis aturdidos oídos saturados de mentira
que tanta mella clavaron en el alma
cuando el camino caminaba a ciegas.

Traspiés en cada piedra me encallaban
los zancajos mugrientos de esperanza.

Tonto fui al creer en lo absoluto y eterno
cuando sólo eran espejismos maltrechos
lo que mis osados visores contemplaban,
perdiéndose entre embustes sentimentales
que especulaban encendidos de deseo
y carentes de belleza y armonía.

Cuanto mal hicieron tus palabras
al descubrir su certera realidad.
Como escupían lágrimas mis ojos
pensando en todo este mal
creyendo en un engaño enjuto de amor
por el que luché sin ninguna dilación.

Y ahora exento de cuerdas y yugo
saboreo las brisas mañaneras con anhelo
y en la trastienda de mis sentimientos
lates aún con alguna fuerza
la misma que hará palanca para
ofrecer la luz de mi nuevo y estrenado destino.


LA F.COM DICE ADIÓS

La esencia de un verano que termina
se torna ilusión ante la nueva vida
que durante un septiembre que poco a poco expira
aguarda hacia una calle de la Cartuja de Sevilla.

Comenzó la aventura entre noticias,
besos, amigos, barriladas y risas.
La F.com nos acogió un buen día
Para, ¿quién sabe?, convertirnos en periodistas.

Largo se ansiaba el camino, eso parecía,
ahora cerca de la meta entre pena y alegría,
despedimos cinco años en eterna compañía,
en pos de un futuro incierto que nos abriga.

De la mano al compás de la publicidad
y de los los amigos del mundo audiovisual
somos miembros de la enorme familia
de esta gran morada llamada facultad.

Informar, formar y entretener es la misiva.
Alentémonos saciando la mano amiga
de un público que fuera aguarda y nos ansía
esperando que pongamos en práctica la teoría.

Profesores, copisteros, limpiadoras y cafetería
también han aportado inspiración a esta poesía,
pues sin ellos todo esto, quizás, no existiría.

Mas nos queda dar las gracias, por aportar a nuestras vidas.

Con sigilo y despacito todo esto se termina,
no obstante, asiremos cámaras y pértigas entre bambalinas
otros quizás tomarán micrófonos con su correspondiente pegatina
qué acredita a esta nuestra profesión tan atractiva.

Luchemos por ser buenos, pues así lo querrían
los ciudadanos con sociedades sin buenos periodistas.

Aquí empieza lo bueno, comienza la partida,
seamos buenas piezas del puzzle y enemigos de la inquina.


TEMPESTAD

Tempestad, después el huracán.
Viento sopla a la deriva.
Desbocada está la mar.

La tempestad, después llorar
mas tarde reír
y por último odiar.

Mis oídos escuchan la tempestad
como los rayos de tus ojos
deslumbran a la humanidad.

Tempestad de tu garganta
con llanto suena con pena arrastra.
Deshumanización de tu cuerpo,
Reencarnación de tu alma.

¿Escuchas eso amigo?
Es la voz tenue de un niño,
la tempestad azota el universo
y el huracán destroza los sueños.

Tempestad, viento y mar
bastante daño nos harán,
igual que nosotros al revelar
nuestras fuerzas con maldad.

Les toca a ellos deshacerse de nosotros,
para siempre.

Tempestad, después el huracán
viento sopla a la deriva,
desbocada está la mar.

Diego José López Fernández

26 dic 2014

De tu sombra mi belleza

Si en el antiguo Egipto se comenzaron a popularizar algunos de los modelos más primarios de sombreros, fue en la Grecia clásica dónde aparecieron con más fuerza y el gorro frigio se convirtió en símbolo de libertad ya que era el complemento que reconocía a los esclavos liberados. Aunque bien es cierto que el sombrero se populariza sobre todo en Francia en tiempos de Carlos VI con el principal fin de protegerse de la lluvia. Pero décadas y siglos después el noble arte de la sombrerería fue distinguiéndose y convirtiendo poco a poco a los sombrereros en nuevos artesanos cuyos modelos no sólo tenían la finalidad de proteger al portador de la lluvia o el sol, sino que incluso se crearon modelos que distinguían el estatus y nobleza del que lo lucía.
Aunque sería imposible abarcar la historia de la sombrerería, sí hay algo cierto es que actualmente el sector cuenta con un prestigio alcanzado por haberse convertido en un complemento perfecto de actos nobles. Si es el hipódromo de Ascot uno de los eventos anuales más conocidos dónde es el sombrero el complemento estrella, aquí en España bodas y actos oficiales han dejado un escenario perfecto para lucir estos tocados y sombreros.
¿Y Sevilla? Pues no podía ser menos, es una ciudad que cuenta con una serie de casas de sombrerería con algunos artesanos que siguen ejerciendo este precioso oficio. Como asevera el refranero patrio ‘para muestra un botón’ y en plena calle O’Donnell nos encontramos con el atelier o taller del joven José Luis Carreño. Si la ilusión y el buen hacer de esta profesión tiene un nombre y un sitio en la eterna Isbilia, sin duda, reside en esa céntrica calle. Desde su más tierna juventud, aunque a sus 29 años, ésta,  todavía no lo ha abandonado, pensó en formarse en el complicado mundo del diseño y la confección lo que llevó que tras su paso por la Universidad perfeccionara la técnica aprendida en la escuela de confección de Jerez en la siempre glamurosa y cuna de la moda Milán. Y fue en ese lugar dónde con un sombrerero inglés aprendió el oficio y hoy en día mujeres de muchos rincones de Andalucía y algunas también de fuera confían en la marca que José Luis ha logrado labrar a base de esfuerzo y tesón, CUKKI. Junto con JLu Zambonino ha logrado que la mujer atraviese el umbral de su taller vestida, nunca mejor dicho, de pies a cabeza.
IMG-20140530-WA0003En una tarde de calor o quizás de lluvia y ¿por qué no? puede que con el azahar florecido el joven gaditano aventura en la Híspalis de rancio abolengo configurar un taller de sueños para clientas que buscan la elegancia de las cosas bien hechas, dónde el estilo y el saber hacer de sus maravillosas manos hacen que salgan elaborados sombreros y tocados que vestirán las cabezas de estas damas en bodas, actos sociales y fiestas. Nada mejor que confiar en Carreño que además de instruido y luchador es capaz de sacar el mejor partido a la mujer.
Cuántas horas entre plumas, lentejuelas, mallas y fieltros, materiales nobles de seda, bordados y demás piezas para con ganas y fantasía crear y seguir creando, innovar y hacer de cada pieza algo especial. Sus dedos poco a poco dan forma a uno de esos sombreros y en algún lugar una mujer sueña con ¿cómo será el complemento perfecto que adornará mi cabeza? Y sin saberlo, en el centro de la vieja Sevilla un chaval está recogiendo ese sueño y comenzando a moldear la nueva pieza que lo hará realidad.
Como José Luís es Andalucía tierra de sombreros y además algunos de propia hechura, el cordobés, el cañero y de ala ancha, el de paja, sombreros que visten las cabezas con historia, desde los utilizados para el toreo, la feria o el campo, hasta los prendidos para los mejores y más factuosos eventos. El sombrero, sin duda, y sus artesanos conforman un oficio al que le esperamos una larga y próspera vida. Y así la sombra que cobija a los portadores de un sombrero se hace belleza, se hace distinción y cumpliendo con su función el sombrero es y seguirá siendo el que reparta desde glamour en una fiesta hasta el alivio a un jornalero bajo el sol candente de esta bendita tierra del sur. Pero siempre será una cosa, parte de un momento y por consecuencia ligado a toda una vida.

*Fotos cedidas por JLu Zambonino

Navajas con hojas de espejo

origin_10153220726Carmen está tranquila. En la cocina la válvula de la olla ha comenzado a despedir los humos del magnífico cocido que está preparando para el almuerzo. Sus hijos saldrán en breve de sus aulas y el esposo pronto terminará su jornada en el tajo. Asomada en la ventana le sorprende un silbido, un silbido que no sale de los labios de una persona, es un sonido más agudo, acompasado y dejando caer el aire en las últimas notas. Pronto, observa como ese canturreo es cada vez más próximo y dónde la vista comienza a alcanzarle ve como un señor de una mediana edad pero ennegrecido por su exposición a los rayos del sol ataviado con unas ropas limpias, pero de antiguas modas, se aproxima con un pequeño y viejo ciclomotor en cuya parte trasera porta un artilugio que movido con un pequeño motor es la herramienta principal de su trabajo. Y así, Carmen apresurada abre uno de los cajones de la cocina y rápido baja las escaleras del segundo piso donde vive, al llegar a la calle se acerca a ese señor y le ofrece un ramo de cuchillos y tijeras, el afilador, amable, la saluda y comienza con su tarea.
Si existe una profesión de esas de antaño, profesión de rancia tradición y de notable carácter rural que aun hoy día es posible observar en ciudades como Sevilla esa es, sin lugar a dudas, la de afilador o ‘afilaó’. En la Sevilla de las Setas de la Encarnación, de la Torre Pelli y la moderna Isla de la Cartuja, en esa Sevilla de lo retro moderno del Arenal y la Alameda, en la Sevilla que se empeña, con acierto, en modernizar lo que siempre ha sido en su esencia, una urbe provinciana que ha sabido captar nuevas esencias, ahí, en esa Sevilla todavía vemos por las calles de sus barrios, esos barrios que se impregnan de olores varios a la hora del almuerzo a un señor pasear por sus plazas al grito de -”El afilaooooooooooor”-. Y si hay suerte, alguna ‘maría’ le gritará por el balcón o correrá apresurada a solicitar sus servicios.
Este personaje de la España burlonesca, de esa España del ‘Lazarillo de Tormes’, ha sabido superar a la historia y trascender en el tiempo. Ahora quizás en coches y no a pie, en motocicletas y no en burro, los afiladores siguen subsistiendo en una época en la que las nuevas tecnologías han sabido superar este tipo de servicios, aun así, la figura del afilador se ha convertido en un emblema no institucionalizado pero sí aceptado por el devenir de los tiempo.
Si bien es cierto que los cuchillos, hachas y tijeras que pasan por las manos de estos trabajadores de la tradición quedan relucientes, afilados y listos para cumplir con sus funciones, no menos cierto es que se han granjeado con un halo de negatividad y la superstición ha hecho de ellos augurio de mal agüero. Entre otras cosas muchos son recibidos con un malsonante y poco gustoso -¡Los muertos del afilador!-. Otros, sin embargo, de una manera más fina, cuando escuchan la estridente flauta de estos señores atinan a tapar su cabeza con el primer trapo que encuentran. Supersticiones a parte, los afiladores han asumido que en el imaginario colectivo se haya quedado este halo de mal fario, pues, al fin y al cabo, afilan herramientas que bien pueden ser utilizadas para su uso primigenio como para mal usarlas y hacer el mal. También han trascendido a cantares populares como en el juego infantil en el que una cancioncilla dedicada a estos artesanos es el hilo conductor de su operativa.
Sea como fuere y sin conocer realmente el por qué de que esta tradición haya sido capaz de trascender en el tiempo, con este artículo se pretende hacer un homenaje a esas personas que han decidido arriesgar su labor a afilar las navajas y demás aperos, aun a riesgo de ser objetos del recelo supersticioso. Afiladores que a día de hoy llenan las calles y plazas de los barrios de la Sevilla eterna de esa ciudad de esencia que tanto gusta al sevillano y visitante. Si por un sólo momento esta bonita profesión aporta magia a la tradición no cabe más que desearle una larga y próspera vida. Además felicitar a todos los afiladores que con sus flautas y su grito particular hacen despertar a las nuevas generaciones de lo pronto y rápido y quizás alguno reflexione y pregunte a sus mayores que quiénes son y qué hacen estos señores. Si sirven además de para afilar para despertar el entusiasmo de conocer de niños y jóvenes sean todos bienvenidos y no dejen de afilar esta bonita tradición.

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